Los sucesos de Vera de Bidasoa



Los sucesos de Vera de Bidasoa, una excusa para el directorio (1924)

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En 1924 un puñado de republicanos exiliados llego a la localidad navarra creyendo que se ha iniciado una revolución. La Dictadura de Primo de Rivera engrandeció el incidente y lo utiliza para fortalecerse.
El 13 de septiembre de 1923 se instaura en España un régimen dictatorial encabezado por el general Miguel Primo de Rivera. La crisis política del país se debe, fundamentalmente, al desastre militar del ejército español en Marruecos  (julio de 1921), a la grave situación del orden público, sobre todo en Cataluña y a la crisis económica.
Un año después, en noviembre de 1924, el problema del Norte de África está en vías de solución. De hecho, el propio dictador Primo de Rivera se encuentra en estas fechas en Marruecos. El orden público ha mejorado de manera notable gracias a la desaparición de las organizaciones obreras y al exilio de miles de españoles. Parte de la intelectualidad se halla exiliada y goza de un gran prestigio internacional. Como los problemas que han justificado la Dictadura están desapareciendo, se comienza a cuestionar su finalidad.
En octubre de 1924 se extiende entre los círculos de emigrantes españoles de San Juan de Luz, Hendaya y Bayona la existencia de una Junta Central de la que forman parte Vicente Blasco Ibáñez, Miguel de Unamuno, Rodrigo Soriano, José Ortega y Gasset, etc, cuya finalidad es la instauración de una República presidida por el conde de Romanones.  Para lograrlo, se produciría un levantamiento generalizado, el 8 de noviembre, contra la Dictadura y se contaría con el apoyo de numerosas guarniciones militares y de todo el movimiento obrero.  Por otro lado, como se necesita un respaldo exterior, se solicitan de forma secreta voluntarios.
Al atardecer del 6 de noviembre, salen de San Juan de Luz cuarenta y dos personas, con armas, dinero francés y octavillas convocando a la revolución.  El jefe del grupo es Bonifacio Mazarredo.  Atraviesan la frontera y llegan a Vera de Bidasoa en plena noche.  El alguacil Miguel Berasaín les ve y acude a avisar a la casa-cuartel de la Guardia Civil, pues supone que se trata de contrabandistas.  Inmediatamente sale una pareja de la Benemérita formada por el cabo Julio de la Fuente y el guardia Aureliano Madrazo los cuales encuentran al grupo en la cantera de Argaitz.
¡Alto la Guardia Civil!
Bonifacio Mazarredo responde a su vez en grito
¡Compañero! ¡Somos nosotros! ¡Los de Francia! ¡Los que esperabais volvió a repetir la misma orden conminatoria
El cabo Julio de la Fuente
¡Alto!
Bonifacio Mazarredo, sin inmutarse lo más mínimo exclama de nuevo.
¡Somos nosotros! ¡Los de San Juan de Luz! ¡Muera Primo de Rivera! ¡Viva la República!

La Guardia Civil responde con dos disparos y entonces se desata un intercambio ininterrumpido de balas.  Como consecuencia de esto fallecen los dos guardias civiles.
A partir de estos momentos se origina una gran confusión en el grupo y se produce una desbandada general.  Las fuerzas del orden público de la zona –Guardia Civil, carabineros y somatenes-  organizan inmediatamente la represión y captura de los integrantes del mismo.  Como resultado de todo este tumulto, aparte de los dos guardias civiles, pierden la vida cuatro miembros del grupo revolucionario y otros 27 resultan heridos.  Los demás consiguen llegar a Francia.
Al mediodía del 9 de noviembre, la Presidencia del Directorio militar en Madrid informa en una nota de los hechos acontecidos en Vera de Bidasoa.  A raíz de esta información la prensa da cuenta de los acontecimientos con informaciones muy parecidas.  Téngase en cuenta que España está bajo el estado de Guerra y en consecuencia funciona la censura militar sobre todo tipo de publicaciones.  La diferencia en la información radica en que los periódicos no partidarios de la Dictadura se limitan a informar, mientras que los favorables, además de información añaden opinión, toda ella favorable al régimen.
El 9 de noviembre se celebran con toda solemnidad los funerales de los guardias civiles en Vera de Bidasoa con la asistencia de las máximas autoridades de Navarra.  Al final del acto el Gobernador civil de Navarra pronuncia un discurso patriótico.
La Justicia Militar asume el caso y realiza el sumario de los hechos.  Una vez concluido en la noche del 12 de noviembre, es llevado a consultas del Capitán General de Burgos.
El Consejo de Guerra se celebra, el 14 de noviembre, en la Sala de la Audiencia de la prisión provincial.  Aparecen como procesados cuatro miembros del grupo:
.  Pablo Martín Sánchez, 25 años, soltero de Baracaldo (Vizcaya).
.  Enrique Gil Galaz (sin datos conocidos).
.  José Antonio Vázquez Bouzas, 29 años, de Foz (Lugo)
.  Julián Santillán Rodríguez, de Quintanilla de la Mata (Burgos), ex guardia civil.

El Consejo de Guerra está presidido por el coronel del regimiento de Infantería de la Constitución nº 29, Antonio Permuy Manzanote.  Ejerce las funciones fiscales el teniente auditor de segunda clase del Cuerpo Jurídico Militar, Adriano Coronel Velásquez.  Como vocales del tribunal actúan las siguientes personas:
.   Rafael Granados Mangado, capitán.
.   Leopoldo Cofre Jándenes, capitán de Artillería.
.   José Arocena Rada, capitán del regimiento América.
.   Joaquín Puren escalada, capitán de Artillería.

Es ponente Pascual Espinosa, del Cuerpo Jurídico Militar.
La defensa de los procesados está a cargo del comandante del Cuerpo de Carabineros, Nicolás Mocholi.
El Consejo de Guerra comienza a las ocho de la mañana y concluye tres horas después.  De la versión dada por el Diario de Navarra de dicho Consejo de Guerra destacan los informes del fiscal y del defensor.  El informe del fiscal comienza diciendo que la importancia de los hechos delictivos que se ventilan y el carácter revolucionario de los mismos exigen la rapidez  del procedimiento y la ejemplaridad del castigo.
Por eso someto ahora a vuestro fuero la responsabilidad en que han incurrido los cuatro procesados ahí presentes como responsables directos y probados de los sucesos acaecidos en Vera; sin perjuicio claro está, de que más adelante se juzgue en juicio ordinario a los demás encartados y se dilucide la culpa que puedas alcanzar a los políticos inculpados como instigadores”.
Se pasa luego a examinar en breve relato los cargos acumulados contra los procesados afirmando que Pablo Martín arremete a la pareja de la Guardia Civil que resulta muerta.  Además, el informe dice que está probado que Enrique Gil Galaz toma parte en la refriega y que Julián Santillán también participa.
Para José Antonio Vázquez Bouza se estima que su responsabilidad es menor por no haberse probado que agreda a la pareja de la Guardia Civil, aunque es indudable que ha estado presente en el encuentro.
Por lo probado y expuesto solicito para los tres primeros la pena de muerte y para el cuarto la de seis años de prisión mayor militar”.   Concluía el informe del fiscal.
Del informe de Nicolás Mocholi, defensor de los encausados, destaca lo siguiente:
Dedicó su exordio a poner de manifiesto la inferioridad en que se encontraba con relación al fiscal y dedicó un sentido recuerdo a las víctimas  en el cumplimiento de su deber, así como también a sus familias a las cuales pidió que reconocieran en él al caballero militar que se limita a cumplir ineludibles deberes de su cargo.
Dice que estamos ante un caso de delincuencia colectiva pero no de codelincuencia que no es lo mismo.   Porque para la primera basta el conjunto o concurso, en tanto que para la segunda se requiere comunicación de voluntades y de intenciones y actos para realizar el común designio; designio común que fija la clase de pena y la mayor o menor participación en la ejecución que determina, como es sabido, la cuantía de la que corresponde a cada delincuente.
Después de analizar la intervención de distintos testimonios acabó diciendo:  Resulta pues que ninguno  de sus patrocinados formó parte en la agresión a la fuerza armada o por lo menos no está demostrado y por simple PRESUNCIÓN no podéis imponer pena tan grave sin detrimento de la conciencia.  Pide para Pablo Martín Sánchez, Enrique Gil Galaz y Julián Santillán Rodríguez un delito de alzamiento en armas, por lo que correspondería imponer a estos procesados la pena de 10 o 12 años de prisión militar y la absolución al otro procesado José Antonio Vázquez Bouza por falta de pruebas”.
El tribunal se reúne posteriormente, concluye sus deliberaciones y redacta la sentencia a las veintiuna horas del mismo día, que luego comunica al Capitán General de Burgos.
En fechas anteriores al Consejo de Guerra todos los periódicos nacionales y locales publican amplia información sobre el mismo.
La sentencia del Consejo de Guerra es de absolución  a favor de los cuatro procesados por falta de pruebas.  La sentencia tiene dos votos contrarios a la absolución, uno de ellos, el del Presidente del Tribunal.  Sin embargo, ningún periódico informa sobre la sentencia absolutoria del Consejo de Guerra.
¿Por qué?
El Capitán General de Burgos se niega a firmar la sentencia del Consejo de Guerra celebrado en Pamplona, por lo cual el Tribunal Supremo Militar vuelve a juzgar los hechos de Vera de Bidasoa.
Según recoge el Diario de Navarra del 18 de noviembre y  el diario madrileño La Monarquía aparece un artículo dirigido a los generales del Directorio solicitando un premio para los honorables vecinos de Vera de Bidasoa:
El gobernador militar de San Sebastián ha reconocido el mérito de aquellas gentes sencillas y honradas: Rindiendo un tributo a la Justicia, ha enaltecido su conducta al final del relato de los sucesos.  Los habitantes de Vera y su comarca en general -dice la respetable autoridad militar guipuzcoana-, el Somatén en particular, se han hecho acreedores con su comportamiento a los más entusiastas elogios de las autoridades, puesto que han cooperado a la labor de la fuerza pública prestándole toda clase de auxilios posibles y proporcionándole informaciones para la captura de los agresores de referencia.
La actitud del pueblo de Vera merece bien los elogios sinceros y cálidos que el digno gobernador militar de San Sebastián le dedica en su nota oficiosa.   Pero es tal el servicio que ha prestado a la causa del orden que a nuestro juicio se hace acreedor a algo más que un elogio.  Por lo que significa su conducta y por la ejemplaridad que ofrece a los demás pueblos españoles, este elogio debe traducirse en una recompensa, que si enorgullece a quién la recibe, estimula, en cambio, a los demás.  España está en un momento feliz del despertar de su ciudadanía y no conviene desperdiciarlo, ni dejar que el eco se pierda en el vacío aplomante de la indiferencia”.
El 23 de noviembre, el Diario de Navarra recoge una información del Daily Main, de su corresponsal en Barcelona, en el que se incluyen algunos detalles referentes a la organización y trama del complot revolucionario.  En el citado periódico se asegura lo siguiente:
Toman parte activísima en el planteamiento de la intentona dos pistoleros que tienen adquirida fama en su oficio, Buenaventura Durruti  y Juan Riesgo Sanz, el primero de ellos supuesto implicado en el asesinato del cardenal Soldevila y el otro, uno de los atacantes de la sucursal del Banco de España en Gijón”.
En la misma fecha, el Diario de Navarra, en un artículo firmado por Ameztia, dice:
Parece que el antiguo diputado por Valencia se dedica a redactar soflamas mitad novelescas mitad revolucionarias contra la Monarquía.  Y como eso puede ser mitad novela y mitad serán revolucionarias en las que pierden la libertad o la vida algunos hombres tan dignos como los guardias civiles de Vera, sería muy conveniente que el Gobierno se preocupara del asunto para poner pronto el debido colofón a la novela del novelista”.
El 26 de noviembre, en el mismo diario y con la misma firma, aparece otro artículo titulado “el  otro aspirante”.
“No está solo Blasco Ibáñez en la casa de los orates de la revolución.  Entre otros personajes de menor cuantía, figura uno muy conocido. De oídos porque su nombre ha sonado mucho. Es el antiguo rector de la Universidad de Salamanca.
La diferencia que existe –como revolucionario- entre Blasco Ibáñez y estos otros aspirantes está en que Blasco Ibáñez ha concretado sus aspiraciones; aspira a ser presidente de la República española.
Unamuno es hombre que no concreta.  Da la impresión de un hombre que quiere algo, pero que no sabe qué es lo que quiere.
A primera vista parece que es más grave la dolencia mental del señor Unamuno. Pero no es más grave: los dos personajes están por el estilo.
Lo que no puede admitirse, lo que no se puede escuchar sin que alce inmediatamente y airada nuestra protesta, lo que no se puede soportar sin que previamente renunciemos a nuestra condición de racionales es el hecho infame de que un señor cualquiera y cuanto más Unamuno peor arroje sobre el nombre de España mentiras afrentosas parapetado detrás de la frontera.
Para hacer eso se renuncia primero a la nacionalidad y se aleja uno para siempre de su patria.
Ni bajo el sofístico pretexto de querer mejorar a los compatriotas o de hacer llorar a la patria para que se corrija de sus yerros mostrándolos al público y ampliándolos se puede admitir el procedimiento del señor Unamuno.
La conducta del Blasco Ibáñez puede ser bufa.
La conducta de Unamuno… la conducta de Unamuno merece el calificativo que no podemos escribir por respeto a los lectores”.
El nuevo Consejo de Guerra se celebra en Madrid, el uno de diciembre, en la Sala del Tribunal Supremo Militar.  La sala está presidida por el general Orozco y forman parte del Tribunal los consejeros Picasso y Gómez Barbé, los consejeros togados de la Armada Valcárcel y Maroto y los consejeros togados del ejército, Alcocer y Trapaga.
Lleva la acusación el fiscal togado Ángel Noriega y la defensa, el comandante de Infantería y periodista Aureliano Mantilla.
De este nuevo juicio destacan las intervenciones del fiscal y del defensor.  El fiscal togado redacta un escrito de acusación en el que califica de poco afortunada la tramitación de la causa, que adolece de defectos capitales de forma.  El Consejo ordinario al absolver, lo hace por no considerar como suficientemente clara la prueba y preferir “absolver a los que acaso hubieran podido ser culpables, antes que condenar a quienes podían ser inocentes”.
El fiscal hace en su escrito alusión al disentimiento del Capitán General de Burgos; no cogidos infraganti los procesados, no se puede demostrar que sean ellos los autores de un delito castigado con la pena de muerte.
El fiscal explica el por qué han llegado los autos el Supremo y aunque las pruebas resultan incompletas y hay defectos de forma, no esenciales por acuerdo de la Sala, informa en cuanto al fondo y advierte que los únicos hechos que deben juzgar son los relativos al insulto a la fuerza armada y únicamente en cuanto se refiere a los cuatro procesados.
Del sumario resulta que en París y otros puntos de Francia desde hace meses viene realizándose una intensa propaganda revolucionaria por Blasco Ibáñez, Unamuno, Soriano y Ortega y Gasset; y otros menos conocidos, allí residentes, de que la masa popular en España es contraria al Directorio y que basta que el pueblo se una para que vuelvan unas ideas y procedimientos francamente liberales.  Algunos españoles fugitivos de España han recibido dinero y armas en París para que marchen a la frontera, recluten a los obreros españoles que encuentren, penetren por la noche en Vera para hacer propaganda en la fundición de hierro, y con auxilio de sus obreros, desarmar a los carabineros, asaltaran en Irán el cuartel de la Guardia Civil y luego se dirigirán a San Sebastián, donde los soldados están de parte de Soriano.
Decía el fiscal que sin existir prueba terminante, había “el convencimiento moral suficiente” para estimar injusta la absolución:
“La condena de los culpables es una exigencia de la ley santa y de la defensa social en momentos en que avanza amenazadora sobre España una ola anárquica y disolvente que representa para el país un grave peligro
Por todo ello, convencido y con la conciencia puesta en Dios, cree la acusación su deber pedir que se imponga a Pablo Martín Sánchez, Enrique Gil y Julián Santillán la pena de muerte, ejecutada según la ley común e indemnización de 5.000 pesetas a las familias de los guardias civiles.  Para José Antonio Vázquez lo considera autor de un delito de insulto a la fuerza armada, pidiendo seis años de prisión correccional”.
De la defensa ejercida por el comandante Mantilla destacan los siguientes apartados:
“No se puede negar que los hechos de que se acusa a mis defendidos, son delictivos….
Pero creo que para la actuación de la defensa voy a encontrar facilidades en el noble deseo del fiscal, deseo indudable, que se ha manifestado ya, claramente, aquí, de que resplandezca la Justicia.   En un punto coincidimos la acusación y yo; en el anhelo de que triunfe la Justicia y se castigue a quienes a la ley faltaron.   Pero que se le castigue sin salirse de la ley…
Unos grupos en actitud hostil penetraron en territorio nacional para alzarse en armas contra el Gobierno constituido.   La agresión que se va a juzgar es consustancial del delito único de rebelión militar; pero, en uso de sus facultades, la autoridad de la VI Región encauzó las responsabilidades desde el primer momento por camino distinto al que se atuvieron críticamente los juzgados de Pamplona.
Por lo tanto, como la rebelión es objeto de otra causa aparte, próxima a ser fallada en primera instancia, y como por la gravedad de las penas que en ella se impongan, ha de venir a ser substanciada ante el Supremo, es de creer que en ella misma se discutirá el grado de culpabilidad de los actuales procesados.
Dice el fiscal que la prueba resulta algo incompleta, como suele suceder siempre en los juicios sumarísimos, y yo me atrevo a subrayar sus asertos asegurando que son totalmente incompletas las conclusiones. La prisa y la ejemplaridad se quedan para cosas tan notoriamente definidos que no exijan contraste de pruebas. De ahí que el Código pida que los acusados sean sorprendidos en flagrante delito, condiciones que no se reúnen en el caso que examinamos.
Otro gravísimo defecto de procedimiento es la manera como se realizó el reconocimiento de los procesados, haciéndolos desfilar y no en rueda como previene taxativamente la ley. No se leyera a los procesados, antes de firmarlas, sus respectivas indagatorias, ni se hicieron reconocimientos periciales, en este caso imprescindibles. Faltaron asimismo los careos.
Continúa diciendo que el que alguno de los procesados resultara herido en aquellos sucesos podrá probar que se hallaba en el grupo de rebeldes, pero no prueba que ejecutara actos de acción directa contra los guardias.
La acusación está inspirada en un CONVENCIMIENTO MORAL, que no puede compartir la defensa.  Pero aunque la compartiera no sería nunca motivo suficiente para, sin otro fundamento, no más que por este convencimiento moral, que puede ser erróneo y lo ha sido tantas ocasiones lamentables, privar de vida a tres hombres.
¡Para pedir la pena de muerte no hay que apoyarse en convencimientos morales, sino en indiscutibles e irrefutables pruebas!
Celebrado el juicio, la sentencia se publica el mismo día. Ésta revoca la del Consejo de Guerra celebrado en Pamplona el 14 de noviembre y condena a Pablo Martín Sánchez, Enrique Gil Galaz y Julián Santillán Rodríguez a la pena de muerte con la accesoria de inhabilitación absoluta perpetua en caso de indulto y a satisfacer la cantidad de 5.000 pesetas a cada una de las familias de los guardias civiles muertos. Se absuelve a José Antonio Vázquez Bouza que queda a disposición del juez militar. La sentencia debe cumplirse el 6 de diciembre en Pamplona.
Esta sentencia es recogida por toda la prensa nacional y local.
Surgen voces solicitando los indultos al rey Alfonso XIII, pero éste no los concede.  Destaca la del obispo de Pamplona, monseñor Mateo Múgica y Urrestarazu, que durante la noche del 5 de diciembre realiza varias conferencias telefónicas con Madrid, sin conseguir ningún resultado.
Durante la primera quincena de diciembre aparecen artículos en el Diario de Navarra firmados por Ameztia y en el ABC de Luca de Tena atacando a las figuras de Vicente Blasco Ibáñez y al conde de Romanones.
Los tres condenados entran en capilla el 5 de diciembre.  La ejecución se ha encomendado al verdugo de Burgos.
A las siete de la mañana, del 6 de diciembre, el director de la cárcel, el juez y el secretario llegan a la puerta de la capilla y tras ellos un piquete de soldados con la bayoneta calada
Los tres reos esposados se sitúan entre el piquete encargado de su custodia. Inician la marcha al patio donde está el patíbulo. En el trayecto Pablo Martín Sánchez consigue escaparse del piquete que custodia a los reos; cuando el piquete fue a detenerlo, salta por la muralla y se estrella en el foso de la escalera. Queda muerto en el acto, rodeado de un charco de sangre. La comitiva sigue hasta el patio. Son ejecutados a garrote vil en primer lugar, Enrique Gil y posteriormente Julián Santillán Rodríguez.
A las siete y veinticinco de la mañana es izada la bandera negra en lo alto de la cárcel de Pamplona para comunicar la ejecución de los reos.
Esta es la historia, de la que aún quedan muchas incógnitas por resolver en relación no con lo hechos que son claros, sino con las causas e intereses que la generan y que, evidentemente beneficiaron a la Dictadura y a su continuidad.



La intentona revolucionaria de Bera, 1924




En la madrugada del 7 de noviembre del año 1924, organizada por el Comité Revolucionario de la CNT tuvo lugar una intentona revolucionaría de penetrar desde Francia a España por Bera y Port Bou, que tuvo nefastos resultados, al caer los anarquistas implicados en una trampa de la policía española, en colaboración con la embajada en París, quienes intoxicaron a los grupos de refugiados con noticias sobre una asonada anti primorriverista en al que estarían implicados incluso miembros del ejército. Al intentar cruzar la frontera por Bera, la Guardia civil, alertada, entabló un tiroteo con parte de los miembros que habían atravesado la muga, resultando esa madrugada dos guardias civiles muertos por un lado y un anarquista por el otro.

A la mañana siguiente de estos sucesos cayó muerto otro anarquista en el monte Santa Bárbara. Este se encontraba oculto tras una meta, cuando fue denunciada a la guardia civil su presencia. Siendo detenidos otra veintena de ellos. Los detenidos fueron juzgados por el Consejo Supremo de Guerra y Marina, y se decretaron tres penas de muerte, después de revocar una sentencia del Consejo de Guerra y Marina de Pamplona, cuyo juez instructor y dos vocales de la causa sufrieron un mes de arresto. Las penas de muerte se ejecutaron por el medio de garrote vil a Julián Santillán Rodríguez y a Enrique Gil Galar, mientras que Pablo Martín Sánchez se suicidó arrojándose por la galería de la cárcel.

SENTENCIA DE LA CAUSA POR LOS SUCESOS DE BERA: Sala de Justicia, 1º de diciembre de 1924. Señores: Presidente, Orozco, Picasso, Gómez Bravo, Valcárcel, Trápaga, Alcorcer, González Maroto,

“Resultando: Que la noche del 6 de noviembre último atravesaron la frontera franco-española varios grupos de paisanos, formando un total de unos 70, procedentes de San Juan de Luz, donde se habían reunido, mandados y dirigidos por algunos de ellos, armados de pistolas automáticas y con abundantes municiones, siendo su propósito iniciar un movimiento revolucionario, cuya finalidad no es objeto de esta causa.

“Resultando: Que al atravesar la partida insurrecta, ya reunida, la villa de Vera de Bidasoa, próximamente a la una de la madrugada del día 7, fue vista por el alguacil Enrique Berasain, el que, alarmado, avisó a la Guardia civil del puesto, saliendo en persecución de los sospechosos una pareja compuesta del cabo Julio de la Fuente y guardia Aureliano Ortiz, que los alcanzó en la carretera, a un kilómetro de la villa, dándoles la voz de alto, la que fue contestada con una descarga, cayendo muerto el cabo y defendiéndose heroicamente el guardia, hasta perder la vida, habiendo hecho uso del fúsil y del cuchillo-máuser y resultando tres de los agresores heridos de bala, uno de los cuales falleció.

“ Resultando: Que una vez caído en tierra el infortunado guardia se ensañaron en él sus agresores, presentando su cadáver 15 heridas de fuego y dos de arma blanca, arrojándole después al río inmediato.

“Resultando: Que desde aquel momento que formaban la partida solo pensaban en huir, dispersándose en distintas direcciones, pasando algunos la frontera, hiriendo a un carabinero, que trató de impedirlo, y siendo detenidos varios de ellos en el monte por las fuerzas de la Guardia civil, Carabineros y Somatén, que salieron en su persecución, resultando muerto uno de los revoltosos, que hizo resistencia disparando su pistola contra sus perseguidores.

“Resultando: Que fueron sometidos a este juicio sumarísimo los cuatro procesados, cuya responsabilidad, respecto a la agresión a la Guardia civil, era más que evidente, sin perjuicio de exigirse después en el procedimiento que se instruye todas las responsabilidades que del mismo se desprenden contra los restantes procesados.

“Resultando: Que parece comprobado que Pablo Martín Sánchez, formaba pate del grupo que agredió a la pareja de la Guardia civil, según él mismo confiesa y asimismo que presenció el tiroteo entre la pareja y los sediciosos, siendo herido en el muslo derecho por un proyectil, y huyendo hacia el monte, donde fue detenido pocas horas después.

“ Resultando: Que los procesados que formaban parte del grupo, Anastasio Guillarte, Casiano Alonso y Manuel del Río, le reconocen, el primero, como uno de los que más se ensañaron con la pareja, y los dos últimos por haberle visto caer herido en la refriega.

“Resultando: Que el procesado Gil Galar, era de los que formaban el grupo que agredió a la pareja, y según sus propias manifestaciones, presenció el tiroteo, apareciendo herido de bala en al región temporal derecha.
“Resultando: Que el procesado Anastasio Guillarte lo reconoce personalmente como uno de los que disparaban contra la pareja.

“Resultando: Que Julián Santillán Rodríguez, formaba parte del grupo insurgente, habiendo con él atravesado la frontera, y reconoce que se hallaba presente en el momento del encuentro con los guardias, si bien agrega que huyó, temeroso de las consecuencias que presumía por haber pertenecido al Instituto.

“Resultando: Que detenido en la tarde siguiente en el monte se le ocuparon dos pistolas, dos cargadores completos y otro al que le faltaban cuatro cartuchos, y fue reconocido por el procesado Julián Fernández Robert, como uno de los cabecillas que amenazó durante la marcha a los que trataban de retroceder.

“Resultando: Que instruida causa en la sexta región, fue vista en Consejo sumarísimo, celebrado en Pamplona el 14 de noviembre próximo pasado, el que absolvió por falta de prueba suficiente para condenar como autores del delito que se persigue, a los cuatro procesados, con los votos particulares en contra del presidente y del vocal ponente.

“Resultando: Que elevada la causa a la autoridad judicial de la 6ª región, esta acordó, de conformidad con su auditor disentir de la sentencia, por estimar adolecía de injusticia notoria.

“Visto el informe del señor fiscal togado, siendo ponente el excelentísimo señor consejero togado D. Adolfo Trápaga y Aguado.
“Considerando: Que la confesión de Pablo Martín Sánchez y Enrique Gil Galar de haberse encontrado entre los que agredieron a la pareja de la Guardia civil, y la circunstancia de hallarse heridos de bala ambos, constituyen indicios vehementísimos de su participación en la comisión del delito.

“Considerando: Que contribuyen a robustecer esta creencia las declaraciones de los otros procesados, que afirman que Pablo Martín Sánchez y Enrique Gil Galar cayeron heridos en la refriega después de haber tomado parte activa en ella.

“Considerando: Que la circunstancia de aparecer Julián Santillán como uno de los jefes o cabecillas de la partida, ser detenido en el monte, por donde vagaba, huyendo de la persecución de la fuerza pública, y encontrándosele dos pistolas y un cargador al que le faltaban varios cartuchos, constituyen indicios vehementísimos de que tomó parte en la agresión, sin que dada su edad de cuarenta y un años y su experiencia adquirida en el Instituto de la Guardia civil, al que perteneció, pueda creerse que ignoraba las responsabilidades que se acarreaba su intervención en delito de tal gravedad como el cometido.

“Considerando: Que en nada puede desvirtuar la prueba que se desprende de las declaraciones de indicios mencionados en la versión, del todo inverosímil, dada por los procesados respecto de su reunión con el grupo insurrecto y de haber presenciado la lucha con la pareja como meros espectadores.

“Considerando: Que existen elementos de prueba suficientes para llevar al ánimo la convicción absoluta de que Pablo Martín Sánchez, Enrique Gil Galar y Julián Santillán Rodríguez tomaron parte en la agresión de la que fue víctima la pareja formada por el cabo Julio dela Fuente y el guardia Aureliano Ortiz, los que sucumbieron heroicamente en el cumplimiento de su deber y que por consiguiente son autores por intervención directa del delito de insulto a fuerza armada, causando muerte, comprendido en el artículo 253, número 2º, en relación con el 7º, numero 4º, del Código de Justicia militar, con las circunstancias agravantes de gran trascendencia del hecho y perversidad que revelan.

“ Considerando: Que no aparecen méritos suficientes para estimar que el procesado José Antonio Vázquez Bouzas participara como autor en el delito que se persigue en esta causa, pues si bien existen indicios graves que le acusen, como son el ir con la partida, hallarse presente durante el tiroteo y ser detenido a los pocos momentos y en lugar próximo al de los hechos, no ha declarado ningún testigo que le viera tomar parte en la agresión, ni figuraba entre los jefes del alzamiento, ni aparecen otros indicios de su culpabilidad, como sería el hallarse herido o habérsele encontrado armas.

“ Considerando: Que limitada esta causa a la averiguación y castigo del delito de insulto a la fuerza armada, no deben hacerse otros pronunciamientos en cuanto a los delitos de rebelión o contra la forma de Gobierno en que aparecen incursos los cuatro procesados, toda vez que se instruye otro procedimiento respecto de estos delitos y de todos los demás que hayan cometido los sediciosos, pues sería aventurado fijar el grado de responsabilidad que alcanzara a cada uno de ellos, no constando en este juicio sumarísimo los numerosos e importantes datos que para ello han de haberse reunido en el citado procedimiento.

Se revoca la sentencia del Consejo de guerra celebrado en Pamplona, y en su virtud se condena a los procesados: Pablo Martín Sánchez, Enrique Gil Galar y Julián Santillán Rodríguez a la pena de muerte, con la accesoria de inhabilitación absoluta perpetua, caso de indulto, y a satisfacer la cantidad de 5.000 pesetas a cada una de las familias del cabo y guardia, Julio de la Fuente y Aureliano Ortiz, en concepto de responsabilidad civil, absolviendo por falta de prueba suficiente al procesado, José Antonio Vázquez Bouzas, que quedará a disposición del juez militar que instruye la causa por procedimiento ordinario, al que se remitirá testimonio de esta sentencia y de los particulares oportunos que puedan figurar en esta cusa respecto del delito que en aquella se persigue, todo conforme a los artículos 255,número 2º, en relación con el artículo 7º, número 4º, párrafo 2º 173,219 y 637 del Código de Justicia militar y para la general calificación de este Código y del penal común.

Aurelio Gutiérrez Martín

LA RECTIFICACIÓN DE JUAN CUETO A LA VERSIÓN OFICIAL DE LOS SUCESOS DE BERA DE 1924



En nuestras búsquedas por los archivos de las hemerotecas hemos localizado una rectificación, realizada por Juan Cueto Ibáñez de Zuazo, de la interpretación oficial de sucesos de Bera de 1924, sucesos de los que dimos noticias anteriormente en este blog.

Disponemos de una reconstrucción plena de la biografía de Juan Cueto. Fue un militar convencido defensor de las ideas democráticas y la educación como medios para superar lo que él consideraba los males de la España de la época. Fue una persona que siempre luchó por sus ideales; desde muy pronto éstos fueron la defensa de la democracia, primero con la Monarquía y después con la República.

Juan Cueto nació en Villarreal de Álava el 20 de enero de 1881. Era hijo de Leopoldo Cueto, teniente de infantería, y de Amalia Ibáñez de Zuazo, ama de casa. Pasó la infancia en su pueblo natal, entre recuerdos de las guerras carlistas, que conservaban su padre y sus vecinos. Tras terminar la escuela primaria, Cueto estudió en el Colegio de los Padres Franciscanos de Aránzazu. A los 13 años quedó huérfano, pues su padre murió en Cuba en 1895. Tres años después, en 1897, a la edad de 16 años, se alistó como soldado voluntario, debido a que “no vi abierto ante mí ningún camino que me llevase a ser otra cosa”, y entró en el Colegio María Cristina de Huérfanos de Militares. Durante la estancia en este Colegio ascendió primero a cabo y después a sargento, y fue movilizado en 1898 con ocasión de la guerra con Estados Unidos. Una vez finalizado el conflicto bélico ingresó en el Colegio Preparatorio Militar de Trujillo y de allí marchó en 1900 al Colegio de Carabineros. Al acabar sus estudios, se graduó en 1902 como 2º Teniente de Carabineros.

Estuvo destinado en Navarra y Guipúzcoa de 1904 a 1907. De Guipúzcoa marchó en 1909 a El Escorial, como profesor del Colegio de Carabineros. De El Escorial pasó en 1915 a Huelva, ascendiendo a capitán y de Huelva iría a Madrid en 1917. En aquellos años escribió dos libros. El primero de ellos fue publicado en 1916: con el título La vida y la raza a través del Quijote, fue prologado por Miguel de Unamuno. El segundo fue editado en 1918 y su título era: De mi ideario: Divagaciones de un militar demócrata alrededor de varios temas de actualidad. En él expresaba sus opiniones acerca de los acontecimientos de aquellos años, haciendo gala de aliadofilia ante la I Guerra Mundial, frente a la germanofilia de la mayoría de los militares. Además, se autodefinía como monárquico y militar, pero de ideas democráticas y de izquierdas; y defensor del uso del euskera y de su tierra, pero no del nacionalismo vasco.

En 1920, debido a la demanda de profesores y lectores de español en Estados Unidos, pidió una licencia para marchar a Nueva York como profesor de castellano en la Universidad de Columbia. Durante su estancia se reforzaron sus ideas laicistas, su desengaño con respecto a la Iglesia Católica y la necesidad de regeneración de las instituciones españolas. Volvió a España en 1922, reintegrándose al servicio y siendo destinado a Pamplona. En septiembre de 1925 fue trasladado a Vera de Bidasoa (Navarra), como capitán de la compañía de carabineros de la localidad. Allí descubrió una de las provocaciones de la policía del Directorio Militar de Primo de Rivera para con sus oponentes.

A partir del incidente de Vera, que se unió a las ideas que venía propugnando desde su estancia en Estados Unidos, Cueto se convirtió en opositor a la Dictadura y a la Monarquía, comenzando a participar en las conspiraciones que se producían para provocar su caída. Esto le valió un consejo de guerra por “publicación y reparto de hojas clandestinas”, que le condenó en 1928 a dos meses de arresto mayor y ordenó su traslado a la Comandancia de Asturias, donde se unió a los grupos que conspiraban contra la Dictadura. Fue allí además donde, en marzo de 1928, se inició en la Masonería, bajo el nombre simbólico de Indarra. A lo largo de 1928 y 1929 inició contactos con destacados opositores a Primo de Rivera.

Cueto fue ascendido a coronel en febrero de 1937, quedando sin destino hasta el 14 de junio del mismo año, fecha en que se le encargó la defensa de un sector de Bilbao con dos batallones, para asegurar la retirada de las fuerzas de la orilla derecha de la ría del Nervión. Finalmente se decidió la retirada de la ciudad, volándose los puentes de la ría para dificultar el avance de los franquistas. Sin embargo, Cueto decidió permanecer en Bilbao y el mismo día de su conquista por las tropas de Franco, el 19 de junio, escribió una carta dirigida al nuevo gobernador militar de la ciudad en la que refería que estaba en su domicilio enfermo, “pero no escondido ni trata de eludir responsabilidades. Al contrario está impaciente por responder de sus ideas, de sus palabras y de sus obras”.

Días después, el 22 de junio, envió otra misiva a la misma autoridad en la que decía que, enfermo, le era imposible acatar las órdenes de presentarse en el Gobierno Militar, tal y como se había exigido a los jefes y oficiales que se habían quedado en la plaza tras su caída, ya que: “mi adhesión al Gobierno de la República es plena, fervorosa, cordial. Mi cuerpo está aquí a merced del vencedor de esta jornada; pero mi alma está allá”. A la vez, le enviaba los cuarenta folletos que le quedaban de su obra Mi segunda vuelta. Al día siguiente fue detenido y enviado a la prisión del Instituto Nacional de Bilbao, comenzando un consejo de guerra de urgencia contra él, en el que fue acusado de rebelión militar. Tras una primera declaración indagatoria, en la que Cueto reconocía todo lo escrito en las cartas y en Mi segunda vuelta y su lealtad al Gobierno republicano, el fiscal pidió la pena de muerte para él. Por el contrario, su abogado defensor esgrimió que no había sido hecho prisionero sino que se había puesto a disposición de la autoridad militar y sólo había realizado labores de retaguardia; manifestando el propio Cueto que siempre había condenado el marxismo y el separatismo, lo que se podía comprobar en su obra literaria.

Finalmente, el día 24 de junio fue condenado a muerte por el delito de Rebelión Militar, debido a su actuación militar a favor de la República, su negativa a unirse al “Ejército liberador”, “hacer propaganda de ideas rebeldes” y considerar “como fuerzas leales y legítimas las rojo-separatistas”. El general Dávila, general jefe del Ejército del Norte, dio el enterado el 26 de junio de 1937, siendo ejecutado finalmente dos días después, en la madrugada del 29 y enterrado en el cementerio de Bilbao.

Dicho todo lo anterior, hemos localizado en las páginas del periódico El Sol de 1 de julio de 1930 la rectificación de Juan Cueto a la versión oficial de los sucesos de Vera. Esa rectificación es la siguiente:

El comandante de Carabineros D. Juan Cueto ha dirigido a don Gabriel Maura la siguiente carta con motivo del relato que de los sucesos de Vera se hace en el reciente libro «Bosquejo histórico de la Dictadura»:

«Almería, 28 Febrero 1930.

Excmo. Sr. D. Gabriel Maura y Gamazo.

Excelentísimo señor: Los frecuentes signos marginales (de muy diferente grafía y significación) con que están marcadas las páginas leídas hasta ahora del ejemplar, que compré anoche, de su «Bosquejo histórico de la Dictadura», son prueba evidente del vivo Interés que venía poniendo en la lectura, que he Interrumpido bruscamente al llegar a la página 178, en que termina el relato (sucinto y no muy claro) de los sucesos de Vera de Bidasoa del 7 Noviembre 1924. La brusquedad de la interrupción ha obedecido, sin duda, a mi sospecha de que la poca claridad de esa historia se deriva, no de la parvedad u obscuridad de los datos, sino de que V. E., historiador «técnico», gusta de que este episodio (tan ejemplar y tan típico) quede en la historia dudoso y obscuro.

Pase que V. E. (diciendo que hay que atenerse a la versión oficial) omita la mención de numerosos testimonios oficiales que se han aportado en diferentes Informaciones y sumarios; pero ¿cómo puede pasar la omisión de un hecho tan resonante y tan significativo como la dimisión del fiscal del Supremo D. Carlos Blanco (ex director de Seguridad, y, por tanto, conocedor de las «capacidades provocativas» de la Policía) al verse en el trance de informar en esa causa? De mucho bulto es la omisión; pero todavía puede pasar.

No es más que omisión, y cabe la disculpa de deseo de brevedad. Pero es que, además de esas omisiones, contrarias a las afirmaciones que se permite hacer V. E. hay en su relato un equívoco nada «fair play»: el mismo equivoco que se mantuvo, no en el plano oficial, sino en el de las notas oficiosas, que no es igual.

Dice V. E.:

«Actuó con diligencia la Policía española, secundada por la francesa, y los treinta y seis detenidos comparecieron, el 14, ante el Consejo de guerra. Resultaron ser todos obreros españoles... a quienes los instigadores del movimiento habían hecho creer, etc...».

Y luego añade: «El Consejo pamplonés se compadeció de estos Husos, victimas de quienes no podían serlo tanto, pero escapaban, por ausentes, a sus rigores, y como tampoco aparecieron claras las culpas Individuales contraídas en el luctuoso choque con los guardias, falló con gran lenidad...».

Entendámonos. Yo no he penetrado en el secreto de ese sumarlo; pero por lo poco que publicaron los periódicos sé que ese primer Consejo de guerra pamplonés no juzgó a los treinta y seis detenidos, sino solamente a los elegidos como supuestos cabecillas. Y como en ese Tribunal sólo se ventilaba el cabellicismo, la absolución no implicaba (como se dio a entender oficiosamente para atribular al burgués y estimularle a conceder ancho margen para las medidas gubernativas, y como ahora sostiene la divina Clío manipulada por V. E.), la solución no implicaba, digo, reconocimiento de la Inculpabilidad de los reos, que, absueltos y todo, hubieran quedado, como los demás detenidos, a las resultas del Consejo de guerra ordinario. El Tribunal de Pamplona los absolvió, pues, sólo en cuanto cabecillas.

Deshecho este pequeño equívoco. .u no resulta tan evidente la «gran lenidad», que V. E. atribuye al Tribunal, y que, de todos modos, no justificarla la prisión de los vocales. Pudo no haber habido lenidad, ni grande ni chica, sino justicia seca. Claro es que V. E., curándose en salud, cierra su relato con esta curiosa nota:

«Es este episodio de Vera uno de los más obscuros del período que aquí se historia, no obstante la causada tramitación del sumario, que se prolongó meses y meses después de ejecutada la sentencia recaída en el juicio sumarísimo. Siendo aún Imposible esclarecer debidamente todo el suceso, dada su naturaleza y proximidad, se acepta por buena la versión oficial, sin responder de su exactitud, y se aduce sólo como prueba irrefutable del rigor punitivo con que por aquel entonces creía deber actuar la Dictadura.»

Está bien. Pero si el Juicio de estos sucesos es tan obscuro, ¿cómo es que V. E. asegura con tanto aplomo (halando por su cuenta y por la de Clío) que los detenidos eran unos pobres ilusos, a victimas de quienes no podían serio tanto, pero escapaban, por ausentes, etc. » Para V. E., por lo visto, está muy claro ese punto, que es precisamente el que hay que dilucidar. Porque el «quid» de toda esta cuestión está precisamente en averiguar si esos desdichados (revolucionarios de buena fe. Sin duda), vinieron engañados por un Comité de París o por un agente provocador.

No se necesita tener realmente los testimonios que yo tengo (nada ocultos, por cierto) para sospechar muy fundadamente que esa intentona no pudo cocerse en la cabeza de elementos verdaderamente deseosos del triunfo de una revolución. La elección del lugar, el texto de las proclamas que traían los rebeldes, etc., etc., todo da en la nariz en el primer instante, todo huele a maniobra abortiva y desacreditadora de una revolución que se juzgaba inminente. El hecho de que esos desdichados viniesen de buena, y aun el de que estuviesen comprometidos y apalabrados con un Comité revolucionarlo, no prueba nada. Pudo muy bien no ser ese Comité el que les dijo que ese día, precisamente ese día, 7 de Noviembre, España entera sería un volcán revolucionario, ni el que les facilitó el viaje, ni el que les dio las pistolas, ni el que les señaló ese absurdo Itinerario.

¿Quién es el que hizo todo eso?... V. E. lo sabe: unos señores que escapaban por ausente* Sin embargo, con esa hipótesis de los ausentes, ¡qué ilógico resulta todo!

En cambio, ¡qué luminoso con el supuesto de un agente provocador; La absolución del Tribunal; la retirada del fiscal, Sr. Blanco; la prisa por matar a los supuestos cabecillas; la Indelicadeza de matarlos después de absueltos, etcétera, etc., ¡qué claro todo...

Claro que yo tengo, personalmente, más datos que los que facilitó la Prensa. Estaba yo por aquellos días en Pamplona procesado por el mismo Juzgado que entendía en lo de Vera, y sometido, por cierto, a examen médico de ml3 facultades mentales, por orden del mismo juez. (El informe de los médicos fue favorable; puede V. E. seguir leyendo sin alarma, si ha llegado hasta aquí.) Poco después, y absuelto, pasé a mandar la compañía de Carabineros de Vera. A los once meses casi justos del suceso sangriento sorprendí a unos policías con las manos en la masa de una segunda conspiración con rico botín de armas, previamente compradas por ellos mismos en Francia. DI parte de todo ello en varios oficios reservados, creyendo que se armaría la gran marimorena. Pero nadie, aparte de mis jefes jerárquicos (y aun éstos, hasta cierto punto), se dio por enterado oficialmente—NI SE HA DADO HASTA AHORA, que yo sepa de aquellos partes. Al poco tiempo fui trasladado a Asturias «por conveniencias del servicio». El policía denunciado por mí como autor de un delito ha obtenido desde entonces varios ascensos y condecoraciones, y ha venido figurando en descubrimiento de varios terribles complots.) Ya en Asturias, y gravemente herido en mi Interior satisfacción, me consideré obligado a romper mi reserva oficial y a enviar una declaración de todos estos sucesos, firmada por mí, a Í5 ó 20 personajes conocido», entre ellos V. E., cuyos nombres no he revelado a nadie hasta la caída de la Dictadura. Ninguno de ellos, que yo sepa, se conmovió con mi relato, que luego se hizo público en hojas clandestinas. Se me abrió un nuevo proceso; pero, ah, no por el contenido de mi declaración, que ratifiqué ante el Juez Y QUE NO HA SIDO DESMENTIDA AUN POR NADIE, sino solo por e1 hecho de que esta declaración circulase impresa.

Con estos antecedentes, yo me permito dudar de esas afirmaciones de V. E., que no dejan de ser rotundas ni con la salvedad de la nota. En ésta dice V. E. que acepta por buena la versión oficial. ¿Es que no son oficial esos escritos reservados que yo subscribí en vano, como capitán de Vera, y que luego divulgué y constan en un proceso? Y este mismo proceso, ¿no es cosa oficial? (No lo parece, en verdad; pero lo es. No lo parece porque cuesta trabajo creer que tío es una burda calumnia, por ejemplo, un decreto muy auditoriado que figura en las primeras diligencias, y que viene a decir que para los fines del proceso no Interesa la averiguación de si lo que yo digo en esa declaración' es mentira o verdad. Pero, en fin, el proceso existe en la octava región. Precisamente hace unos veinte días solicité su revisión en escrito cuya copla le adjunto.)

Creo que con esta carta ofrezco a V. E. excelentes puntos de vista para el examen de ese episodio que V. E. encuentra obscuro. ¿Obscuro? Bueno, pues haberlo dejado en obscuro, sin esas claras afirmaciones que V. E. hace, yéndose más allá de las versiones oficiales, a que dice que se atiene.

Y lanzando este suspiro de alivio, que es esta carta, me vuelvo a las páginas de su “Bosquejo”. No sin antes decirle que quedo a sus órdenes como s.s.s., Juan Cueto”.

Aurelio Gutiérrez


Anarquista en la familia 

La vida suele ser bastante extraña, recientemente comentaba sobre los sucesos de Vera de Bidasoa en los que un tio carnal de mi abuela, Pablo Martín Sánchez, fue detenido por haber cometido dos asesinatos junto a otros anarquistas a dos Guardias civiles. Debo agradecer a Mikel Martínez las fotografías que me hizo llegar.

(Fotografía policial tras la detención en noviembre del año 1924)

Pablo Martín Sánchez había nacido en Barakaldo, concretamente en la calle Arana, que durante la Republica sería conocida como calle Pablo Martín. 

Lo  realmente curioso es que al margen de todo lo que se ha escrito, recientemente Lebato ha dedicado en su blog tres entradas a este suceso... que tuvo una influencia directa con Las Merindades.


Realmente lo más llamativo de todo, no es eso, sino que un buen amigo, que hace poco me enteré que estaba también interesado en los sucesos de Vera de Bidasoa y que había adquirido la novela "Pablo Martín Sánchez: El anarquista que se llamaba como yo" había tenido a un pariente lejano involucrado en los hechos de Vera... concretamente y desgraciadamente era uno de los miembros de la benemérita abatidos en esa ocasión. Aureliano Ortiz. Dicho de otra forma, la muerte tanto de Pablo como de Aureliano tuvo una influencia directa. Pablo fue responsable de la muerte de Aureliano y Pablo se suicidó cuando iba a ir a ser ejecutado en la cárcel pamplonesa.

Encontrarse actualmente con quien tenías un cruce de destinos familiares desde hacía 89 años, resulta realmente sorprendente. No defiendo a mi pariente lejano, he tenido la oportunidad de leer el testimonio del segundo juicio... en el primero tanto él, como los otros dos condenados a muerte habían sido absueltos. Por un lado el propio Pablo reconocía haber sido uno de los participes y estaba herido en el momento de su detención, muy probablemente por parte de Aureliano, el tío abuelo de mi buen amigo, al que mantengo por el momento en el anonimato, pero que pronto saldrá a la luz. El resto de los detenidos también acusaron abiertamente a Pablo como uno de los autores materiales de la muerte y ensañamiento con los miembros de la benemérita. Podríamos discutir si las motivaciones políticas estaban justificadas o si se podía juzgar a Pablo por un tribunal militar pero lo que parece exento de toda duda es que participó en el asesinato de otras dos personas.

Para terminar de hacer esta entrada un poco más escabrosa... justo el mes de octubre del año 1924, moría uno de los hermanos de Pablo, a los 18 años... de forma que la secuencia fue:

Octubre 1924: Muere un hermano de Pablo a los 18 años.
Noviembre 1924: Es asesinado Aureliano en Vera de Bidasoa y el otro Guardia Civil.
Diciembre 1924: Se suicida Pablo en Pamplona cuando iba a ser ejecutado. (Ese mismo día los otros dos compañeros sentenciados a muerte son ajusticiados)

Para terminar incluiré la ficha policial, también cortesía de Mikel de la detención de Pablo y el enlace a la primera parte de la entrada. AQUÍ




Los tres burgaleses del patíbulo


R. Pérez Barredo - 
Una incursión anarquista que se salda con dos guardias civiles muertos y varios detenidos. Dos condenados a muerte. Un experto verdugo.Vera de Bidasoa, 1924...
Los sucesos acaecidos en Vera de Bidasoa en noviembre de 1924 fueron la más seria advertencia de la casi recién inaugurada dictadura de Primo de Rivera contra quienes osaran desestabilizar un régimen ansiado por el ejército, aplaudido por la burguesía y avalado sin tapujos por el propio monarca, Alfonso XIII. Los sindicatos, en ebullición, fueron víctimas de la bota dictatorial; sin embargo, su indómito carácter fue un constante quebradero de cabeza para el régimen establecido. Lo sucedido en Vera de Bidasoa, con indiscutible protagonismo burgalés, fue una buena muestra de ello. Pues aunque resultó una verdadera chapuza, la intención de la aventura emprendida por un grupo de sindicalistas tenía un fin concreto: derrocar a Primo de Rivera.

La conspiración se urdió en París, donde se hallaban exiliados algunos de los principales sindicalistas españoles, caso de Buenaventura Durruti, entre otros. Los más activos fueron los anarquistas. Y los más decididos. Y, por qué no decirlo, los más suicidas. Porque el plan era el siguiente: adentrarse armados en España e ir sumando efectivos pueblo por pueblo para avanzar ya como un ejército hasta Madrid; mal informados, creían que una parte del ejército y de las fuerzas del orden estaba por la labor de apoyar cualquier rebelión. Era mentira. Para dos burgaleses, Julián Santillán, natural de Quintanilla de la Mata, y Enrique Gil Galar, nacido en Vallejo de Mena, aquella audaz empresa fue el principio del fin de sus vidas. Lo sucedido aquel mes de noviembre en la frontera y cuanto aconteció después llamó la atención de uno de los más grandes escritores de la época, Pío Baroja, quien noveló la historia en su obra La familia de Errotacho.
En uno de los capítulos de su libro Arlanza mágica y embrujada, el escritor burgalés Jesús Borro recoge con detalle la historia de Julián Santillán, poniendo de relieve que es, además, el protagonista de la novela barojiana. Pero narremos antes los hechos. En la madrugada del 7 de noviembre, cerca de medio centenar de hombres armados llega a la localidad fronteriza de Vera de Bidasoa, en la provincia de Navarra, con el propósito antes descrito, cuando en su camino se topan con varios guardias civiles y carabineros, produciéndose un tiroteo en el que fallecen dos agentes de la benemérita y uno de los sindicalistas. El grupo rebelde se disuelve y emprende la huida. Al día siguiente, una veintena de hombres son detenidos por la Guardia Civil. Entre ellos hay dos burgaleses: Santillán y Gil Galar. En poco tiempo son juzgados y condenados a muerte por garrote vil. La sentencia decía del primero que «formaba parte del grupo insurgente, habiendo con él atravesado la frontera, y reconoce que se hallaba presente en el momento del encuentro con los guardias civiles, si bien agrega que huyó, temeroso de las consecuencias que presumía por haber pertenecido al Instituto (...) Se le ocuparon dos pistolas, dos cargadores completos y otro al que faltaban cuatro cartuchos y fue reconocido por Julián Fernández como uno de los cabecillas que amenazó durante la marcha a los que trataban de retroceder». Y del segundo, que era «de los que formaban el grupo que agredió a la pareja y, según sus propias manifestaciones, presenció el tiroteo, apareciendo herido de bala en la región temoral derecha».

Dice Borro en su obra que Baroja «descubre a Julián como un héroe y chivo expiatorio al mismo tiempo. No escatima elogios para el burgalés: «Santillán era un hombre rubio, con cierto aire infantil; tenía expresión seria y al mismo tiempo dulce en la cara; la barba corta, blanquirrubia, como de mal afeitado; la cabeza gris, con mucho pelo y sin peinar, y los ojos claros»; «Era quizá el tipo de español antiguo, con algo de gótico o germánico, hombre para la aventura, para los Tercios de Flandes o la Conquista de América, hombre frío y sereno». Por el contrario, de Gil Galar dice que es «un hombre absurdo y medio loco»; «Gil Galar tiene ojos negros brillantes, algo bizcos; palidez de enfermo» y que «había obrado inconsciente, como un sonámbulo. Era un esquizofrénico», zanja el novelista.

LA MUERTE. Ironías del destino, fue precisamente un verdugo burgalés el encargado de agarrotar a sus dos paisanos. Fue el famoso Gregorio Mayoral Sendino, titular de la Audiencia de Burgos y uno de los ejecutores con más fama del país, encargado de enviar al otro barrio a gente como Angiolillo, el anarquista italiano que asesinó al presidente Cánovas del Castillo, o a los culpables de uno de los casos más llamativos de la época, el conocido como "Crimen del Expreso de Andalucía". Se subió Gregorio Mayoral al patíbulo de la cárcel de Pamplona aquel 2 de diciembre con su acostumbrado paso lento y cansino. Cuando, desde una ventana, el tercer condenado a muerte -de nombre Pablo Martín, natural de Vizcaya- vio la figura del verdugo portando en la funda los artilugios fatales, se zafó de su vigilante y saltó, presa del pánico, perdiendo la vida en su choque brutal contra el suelo.
Explica Borro que los dos anarquistas burgaleses, «chivos expiatorios, son caricaturizados por Pío Baroja como víctimas inocentes de la Dictadura» y subraya que en la novela el autor vasco «no ahorra oprobios para su verdugo indirecto, el rey Alfonso XIII, el mismo que condujo al holocausto a diez mil soldados españoles de reemplazo durante la campaña de Marruecos, en Annual en 1921, y al que llama «el del labio belfo» o «seco y estólido borbón», entre otras lindezas, nada exageradas para este mal gobernante».

Enrique Gil Galar: Morir por la revolución (Vera de Bidasoa I) y Aureliano Madrazo Ortiz: Ser muerto por la Revolución.

El 13 de septiembre de 1923 se produce el último pronunciamiento decimonónico en la política española. El Capitán General de Cataluña, Miguel Primo de Rivera (1870-1930), da un golpe de estado a través de un manifiesto. La opinión pública lo respaldó, como años más tarde respaldará la II República, por su causa Regeneracionista.

El Regeneracionismo es hijo de la corrupción del sistema de alternancia de partidos, de la preocupación por la decadencia de España, de la guerra de Marruecos, de la mal repartida industrialización (y las tensiones con la burguesía nacionalista de los territorios industrializados), del caciquismo social y político (pucherazos electorales y cuneros) y del latifundismo. Males todos ellos con los que deseaba acabar. En este contexto la sociedad de 1923 asumía como viable que un hombre bueno y apolítico, mediante un régimen autoritario temporal sanase al país. Sin saberlo buscaban un Cincinato.
El Directorio Militar
Alfonso XIII no destituyó a los generales sublevados, como le pedía el Gobierno, y pasadas unas horas se mostró favorable al manifiesto de Primo de Rivera para salvar a la Patria de "los profesionales de la política". Apoyado por el Ejército, la burguesía Catalana (en busca de control político, negocios y autonomía) y los terratenientes andaluces (mantener el jornalerismo) el rey nombra a Miguel Primo de Rivera Dictador Militar el 15 de Septiembre. Se creó un Directorio Militar para “poner España en Orden” y después devolvérsela a los civiles. Se suspendió, lógicamente, la Constitución de 1876, se prohibieron los partidos políticos, se crearon milicias urbanas o somatenes, se disolvieron todos los ayuntamientos y diputaciones provinciales… Pero no era una dictadura totalitaria al estilo de Mussolini en Italia o las que llegarían con Hitler, Franco y otros dictadores en la década de 1930 y siguientes por toda Europa, era un sistema autoritario.

La política económica fue positiva, favorecida por los “felices años veinte” y la existencia de disposiciones no llevadas a cabo por los gobiernos democráticos anteriores, pero creó monopolios (que supusieron el enfado catalanista al no meter cuchara), no redistribuyó la riqueza, no hizo la necesaria reforma agraria y creó los años dorados de la banca privada.

Los opositores al sistema fueron los primeros en sorprenderse ante las escasas dificultades de la dictadura en el mundo obrero. A partir de 1923 el número de huelgas disminuyó y desaparecieron los atentados político-sociales (pistolerismo, básicamente Catalán). El partido Socialista y la UGT colaboraron con la dictadura llegando Largo Caballero a ser miembro del Consejo de Estado como vocal obrero. La política social de Primo de Rivera fue paternalista: En abril de 1924 crea el Consejo Nacional del Trabajo, Comercio e Industria; al poco, el Instituto de Reformas Sociales se integra en el Ministerio de Trabajo; creó escuelas sociales; protegió la emigración; y dio vida a los comités paritarios y el código del trabajo (1926).


La CNT, que en septiembre de 1923 estaba exhausta, paso a ser casi clandestina. Su actividad se limitó, desde ese momento, a sus “Grupos de Acción”: Atentados (decrecientes) y actos subversivos como el de Vera de Bidasoa. Carecía de su periódico, Mundo Obrero, y sus locales estaban clausurados.


¿Y que ocurrió en esa población para que sea reflejado en los libros de historia? Es largo de explicar, digamos que no salió como esperaban sus autores y el sainete terminó mal para tres pobres diablos que no hubieran ganado nada y que lo perdieron todo. Procedamos: En octubre de 1924 circula entre los emigrantes españoles en el País Vasco Francés la creencia en la existencia de una Junta Central de la que forman parte Vicente Blasco Ibáñez, Miguel de Unamuno, Rodrigo Soriano y José Ortega y Gasset. Esta Junta debería instaurar una República presidida por el conde de Romanones. La fecha para el levantamiento era el 8 de noviembre y “sabían” del apoyo de numerosas guarniciones militares y del movimiento obrero.

Por supuesto, aunque estaba todo ya ajustado era imprescindible cierto respaldo exterior (¿?) para lo cual necesitaban voluntarios. La conspiración procedía de París, refugio de sindicalistas exiliados como Buenaventura Durruti. Muchos de ellos anarquistas purgados por el nuevo sistema.

Lo sucedido ese noviembre en la frontera y cuanto aconteció después llamó la atención de uno de los más grandes escritores de la época, Pío Baroja, quien noveló la historia en su obra “La familia de Errotacho”. Pero volvamos al tema.

Con el objeto de llegar de noche a España, salen al atardecer del 6 de noviembre de San Juan de Luz cuarenta y dos personas (la sentencia dirá setenta), con armas, dinero francés y octavillas convocando a la revolución. Al mando camina Bonifacio Mazarredo. Atraviesan la frontera y llegan a Vera de Bidasoa donde el alguacil Miguel Berasaín ve, a la una de la madrugada pasar frente a su casa, varios grupos de cinco o seis personas en dirección a Lesaca y acude al cuartelillo de la Guardia Civil para denunciar una partida de Mugalaris o contrabandistas (una ocupación muy común en la zona y, les aviso, nada romántica).

En aquel momento llegaban al cuartel la pareja de la Benemérita formada por el cabo Julio de la Fuente Sanz natural de Navascués (Navarra) y el guardia Aureliano Madrazo Ortiz natural de Espinosa de los Monteros (Las Merindades Burgos), ambos solteros, que parten con el alguacil de Vera en dirección a Pamplona.  Los Guardias Civiles le indican que ellos darán una batida y encuentran al grupo en la cantera de Argaitz. Miguel Berasain indicará que oyó primero dos disparos y después una carga cerrada.
Tras la voz de “¡Alto a la Guardia Civil!” Mazarredo responde con apelaciones a su esperada llegada:

-“¡Compañero! ¡Somos nosotros! ¡Los de Francia! ¡Los que esperabais!”

El cabo Julio de la Fuente repite su orden y Bonifacio Mazarredo vuelve a gritar que son los esperados para iniciar la revuelta. En esta tesitura La Guardia Civil responde con dos disparos y entonces se desata un intercambio de balas. Como consecuencia de esto fallecen los dos guardias civiles. Se hallará en cadáver del guardia en el río. Aunque la sentencia de la Sala de Justicia Militar indica que no hubo intercambio de palabras alguno y que se produjo una descarga de fusilería, cayendo muerto el cabo y defendiéndose el guardia con su fusil y cuchillo. Caído en tierra se contaron en él 15 heridas de bala y dos puñaladas.


A partir de estos momentos el miedo se apodera de los anarquistas, que esperaban un paseo triunfal, y se produce una desbandada general. Las fuerzas del orden público de la zona –Guardia Civil, carabineros y somatenes- organizan la captura de los asaltantes. Como resultado de todo este tumulto, aparte de los dos guardias civiles, pierden la vida cuatro miembros del grupo revolucionario y otros 27 resultan heridos, amén de un carabinero. Los demás, sabiamente, escapan a Francia.

Al mediodía del 9 de noviembre, la Presidencia del Directorio militar en Madrid informa en una nota de los hechos acontecidos en Vera de Bidasoa. A raíz de esta información la prensa da cuenta de lo sucedido con informaciones muy parecidas. Téngase en cuenta que España está bajo el estado de Guerra y en consecuencia funciona la censura militar sobre todo tipo de publicaciones. La diferencia en la información radica en que los periódicos no partidarios de la Dictadura se limitan a informar, mientras que los favorables, además de información añaden opinión, toda ella favorable al régimen.

El 9 de noviembre se celebran con toda solemnidad los funerales de los guardias civiles en Vera de Bidasoa con la asistencia de las máximas autoridades de Navarra. Al final del acto el Gobernador civil de Navarra pronuncia un discurso patriótico.

La Justicia Militar asume el caso y realiza el sumario de los hechos. Una vez concluido en la noche del 12 de noviembre, es llevado a consultas del Capitán General de Burgos.

El Consejo de Guerra se celebra, el 14 de noviembre, en la Sala de la Audiencia de la prisión provincial. Aparecen como procesados cuatro miembros del grupo
  • Pablo Martín Sánchez (Pinche aquí), 25 años, soltero de Baracaldo (Vizcaya).
  • Enrique Gil Galar, de Vallejo de Mena, Burgos. Uno de Las Merindades. Baroja, en su obra, lo define como “un hombre absurdo y medio loco”; “Gil Galar tiene ojos negros brillantes, algo bizcos; palidez de enfermo” y que “había obrado inconsciente, como un sonámbulo. Era un esquizofrénico”. De hecho, su defensor en el segundo proceso pidió un reconocimiento médico.
  • José Antonio Vázquez Bouzas, 29 años, de Foz (Lugo)
  • Julián Santillán Rodríguez, de Quintanilla de la Mata (Burgos), ex guardia civil.
El Consejo de Guerra lo preside el coronel del regimiento de Infantería de la Constitución nº 29, Antonio Permuy Manzanote. Las funciones fiscales están a cargo del teniente auditor de segunda clase del Cuerpo Jurídico Militar, Adriano Coronel Velásquez. Como vocales del tribunal actúan las siguientes personas: Rafael Granados Mangado, capitán; Leopoldo Cofre Jándenes, capitán de Artillería; José Arocena Rada, capitán del regimiento América; Joaquín Puren escalada, capitán de Artillería. Es ponente Pascual Espinosa, del Cuerpo Jurídico Militar. La defensa de los procesados está a cargo del comandante del Cuerpo de Carabineros, Nicolás Mocholi.

El Consejo de Guerra se inicia a las ocho de la mañana y concluye tres horas después. El informe del fiscal comienza diciendo que la importancia de los hechos delictivos que se ventilan y el carácter revolucionario de los mismos exigen la rapidez del procedimiento y la ejemplaridad del castigo.

En el relato de cargos se afirma que Pablo Martín arremete a la pareja de la Guardia Civil que resulta muerta. Que está probado que Enrique Gil Galar toma parte en la refriega y que Julián Santillán también participa. Para José Antonio Vázquez Bouza se estima que su responsabilidad es menor por no haberse probado que agrediese a la pareja de la Guardia Civil, aunque es indudable que ha estado presente en el encuentro.

“Por lo probado y expuesto solicito para los tres primeros la pena de muerte y para el cuarto la de seis años de prisión mayor militar”. Concluía el fiscal.

Del informe de Nicolás Mocholi, defensor de los encausados, destaca lo siguiente:

“Resulta pues que ninguno de sus patrocinados formó parte en la agresión a la fuerza armada o por lo menos no está demostrado y por simple PRESUNCIÓN no podéis imponer pena tan grave sin detrimento de la conciencia”.

Pide para Pablo Martín Sánchez, Enrique Gil Galar y Julián Santillán Rodríguez un delito contra la forma de gobierno (artículos 481, 184 y 246 del Código penal), por lo que correspondería imponer a estos procesados la pena de 10 o 12 años de prisión militar y la absolución al otro procesado José Antonio Vázquez Bouza por falta de pruebas. Los procesados alegaron que eran inocentes.
Juicio atentado de Vera de Bidasoa 1924


El Consejo no encontró pruebas suficientes para apreciar la existencia del delito de insulto a la fuerza armada añadiendo que las simples presunciones y el cargo formulado por el detenido Anastasio Guilarte no merecían crédito. Mucho más si se tiene en cuenta la pena a imponer, por lo que el fallo del Consejo de Guerra es de absolución a favor de los cuatro procesados por falta de pruebas pero con dos votos contrarios a la absolución: el del Presidente del Tribunal y el del ponente. El Capitán General de Burgos se niega a firmar la sentencia del Consejo de Guerra, celebrado en Pamplona, por lo cual el Tribunal Supremo Militar vuelve a juzgar los hechos de Vera de Bidasoa.

¿Por qué las declaraciones de Guilarte no eran aceptables al decir que Pablo Martín fue uno de los que más se ensañaron en la muerte de los guardias? Veamos: no específica los detalles del ensañamiento ni advierte con cuál de los guardias muertos se ensañó, sino que para exculparse él inculpa a Martín, sin notar que de ser cierto lo que dice él, tuvo que estar todo el tiempo al lado de Martín y, por tanto, intervenir también directamente en la muerte de los guardias.

¿Falta de pruebas? Las que se tenían eran circunstanciales y todo depende del delito que se juzgue. A saber: Los procesados fueron detenidos en montes y caminos cercanos, sin explicar satisfactoriamente su presencia; demostrar que formaban parte de los grupos; y que con motivos no bien explicados pasaron la frontera constituyendo el grupo agresor. Indicios robustecidos por el hecho de encontrárseles armas de combate. Añade también como indicio (Atención, recalco: Indicio) en contra de los procesados, y demostrativo de que lucharon con la Guardia civil, el que algunos estaban heridos.

En esta línea, y junto a la falta de pruebas hubo defectos de forma como la incorrecta toma de juramento, el reconocimiento de los procesados en desfile ante el acusador, ni se leyeron a los procesados sus Indagatorias ni hubo los imprescindibles reconocimientos periciales ni los debidos careos.


Con relación al hijo de Vallejo de Mena la defensa recalcó que no era cierto que las heridas del procesado Enrique Gil las hubiera podido producir el guardia Ortiz con la bayoneta, puesto que, según consta en autos, no son de arma blanca sino de bala; las lesiones que aparecen en el cuerpo del procesado, aparte la producida por un balazo en la cabeza, son insignificantes y está comprobado que las produjeron con el bisturí los médicos del hospital al intentar extraerle el proyectil que el procesado tiene en la cabeza.

El nuevo Consejo de Guerra se celebra en Madrid, el uno de diciembre, en la Sala del Tribunal Supremo Militar. La sala está presidida por el general Orozco y forman parte del Tribunal los consejeros Picasso (si. Pariente del pintor) y Gómez Barbé, los consejeros togados de la Armada Valcárcel y Maroto y los consejeros togados del ejército Alcocer y Trápaga. Lleva la acusación el fiscal togado Ángel Noriega y la defensa, el comandante de Infantería y periodista Aureliano Mantilla. Tras descartar la anulación de la sentencia ya dada se procedió al “recurso”.

El fiscal reconoce defectos en la instrucción, con defectos importantes de forma, y formula una visión propia del “in dubito pro-reo”·: El Consejo ordinario prefiere “absolver a los que acaso hubieran podido ser culpables, antes que condenar a quienes podían ser inocentes” por no considerar como suficientemente clara la prueba.

Del sumario resulta que en París y otros puntos de Francia desde hace meses viene realizándose una intensa propaganda revolucionaria por Blasco Ibáñez, Unamuno, Soriano y Ortega y Gasset; y otros menos conocidos, allí residentes, de que la masa popular en España es contraria al Directorio y que basta que el pueblo se una para que vuelvan unas ideas y procedimientos francamente liberales. Algunos españoles fugitivos de España han recibido dinero y armas en París para que marchen a la frontera, recluten a los obreros españoles que encuentren, penetren por la noche en Vera para hacer propaganda en la fundición de hierro, y con auxilio de sus obreros, desarmar a los carabineros, asaltaran en Irún el cuartel de la Guardia Civil y luego marchar San Sebastián, donde los soldados están de parte de Soriano.

Decía el fiscal que sin existir prueba terminante, había “el convencimiento moral suficiente” para estimar injusta la absolución:

“La condena de los culpables es una exigencia de la ley santa y de la defensa social en momentos en que avanza amenazadora sobre España una ola anárquica y disolvente que representa para el país un grave peligro. Por todo ello, convencido y con la conciencia puesta en Dios, cree la acusación su deber pedir que se imponga a Pablo Martín Sánchez, Enrique Gil y Julián Santillán la pena de muerte, ejecutada según la ley común e indemnización de 5.000 pesetas a las familias de los guardias civiles. Para José Antonio Vázquez lo considera autor de un delito de insulto a la fuerza armada, pidiendo seis años de prisión correccional”.

De la defensa ejercida por el comandante Mantilla destacan los siguientes apartados:

“Unos grupos en actitud hostil penetraron en territorio nacional para alzarse en armas contra el Gobierno constituido. La agresión que se va a juzgar es consustancial del delito único de rebelión militar; pero, en uso de sus facultades, la autoridad de la VI Región encauzó las responsabilidades desde el primer momento por camino distinto al que se atuvieron críticamente los juzgados de Pamplona.

Por lo tanto, como la rebelión es objeto de otra causa aparte, próxima a ser fallada en primera instancia, y como por la gravedad de las penas que en ella se impongan, ha de venir a ser substanciada ante el Supremo, es de creer que en ella misma se discutirá el grado de culpabilidad de los actuales procesados.

Dice el fiscal que la prueba resulta algo incompleta, como suele suceder siempre en los juicios sumarísimos, y yo me atrevo a subrayar sus asertos asegurando que son totalmente incompletas las conclusiones. La prisa y la ejemplaridad se quedan para cosas tan notoriamente definidos que no exijan contraste de pruebas. De ahí que el Código pida que los acusados sean sorprendidos en flagrante delito, condiciones que no se reúnen en el caso que examinamos.

Otro gravísimo defecto de procedimiento es la manera como se realizó el reconocimiento de los procesados, haciéndolos desfilar y no en rueda como previene taxativamente la ley. No se leyera a los procesados, antes de firmarlas, sus respectivas indagatorias, ni se hicieron reconocimientos periciales, en este caso imprescindibles. Faltaron asimismo los careos.

Continúa diciendo que el que alguno de los procesados resultara herido en aquellos sucesos podrá probar que se hallaba en el grupo de rebeldes, pero no prueba que ejecutara actos de acción directa contra los guardias.

La acusación está inspirada en un CONVENCIMIENTO MORAL, que no puede compartir la defensa. Pero aunque la compartiera no sería nunca motivo suficiente para, sin otro fundamento, no más que por este convencimiento moral, que puede ser erróneo y lo ha sido tantas ocasiones lamentables, privar de vida a tres hombres.

¡Para pedir la pena de muerte no hay que apoyarse en convencimientos morales, sino en indiscutibles e irrefutables pruebas!"

El cruce de argumentos continúa y, así, el fiscal explica que está probado, por declaración de uno de ellos, que tenían consigna de asaltar el cuartel de Carabineros en Vera e Irún. Desgranó que ocurrieron los hechos conocidos, se supieron los propósitos, se encontraron estos hombres heridos, y por convicción honrada cree que estos cuatro hombres son autores de la agresión. El acusador encuentra inverosímil la declaración de inocencia, y pide que se falle conforme a su petición.

Se revuelve el defensor que niega que su petición sea de absolución. Pide que no se exponga al Tribunal a un error irreparable y que, dejando sin efecto el Consejo sumarísimo, se garantice su acierto con la amplia prueba de un juicio normal. “Yo no afirmo que mis defendidos sean inocentes, pero tampoco sé puede afirmar que sean los culpables”.

Celebrado el juicio, la sentencia se publica el mismo día. En ella, entre otros “Resultando” detalla que aparece comprobado que Pablo Martín Sánchez formaba parte del grupo que agredió a la pareja de la guardia civil, según él mismo confiesa, y asimismo que presenció el tiroteo entre la pareja y los sediciosos, siendo herido en el muslo derecho por un proyectil, y huyendo hacia el monte, donde fue detenido pocas horas después. Sus compañeros Anastasio Guillarte, Casiano Alonso y Manuel del Río, le reconocen, el primero, como uno de les que más se ensañaron con la pareja, y los dos últimos por haberle visto caer herido en, la refriega.

El Resultando referido al nacido en Las Merindades refiere que el procesado Enrique Gil Galar era de los que formaban el grupo que agredió a la pareja, y, según sus propias manifestaciones, presenció el tiroteo, apareciendo herido de bala en la región temporal derecha. El procesado Anastasio Guillarte lo reconoce personalmente como uno de los que disparaban contra la pareja.

“Resultando: Que Julián Santillán Rodríguez formaba parte del grupo insurgente, habiendo con él atravesado la frontera, y reconoce que se hallaba presente en el momento del encuentro con los guardias, si bien agrega que huyó, temeroso de las consecuencias que presumía por haber pertenecido al Instituto. Detenido en la tarde siguiente en el monte se le ocuparon dos pistolas, dos cargadores completos y otro al que faltaban cuatro cartuchos, y fue reconocido por el procesado Julián Fernández Robert como uno de los cabecillas que amenazó durante la marcha a los que trataban de retroceder”.

Subrayamos que no eran juzgados por iniciar un movimiento revolucionario sino por el de Insulto a la fuerza armada. La sentencia de Madrid revoca la sentencia del Consejo de Guerra celebrado en Pamplona el 14 de noviembre y condena a Pablo Martín Sánchez, Enrique Gil Galar y Julián Santillán Rodríguez a la pena de muerte con la accesoria de inhabilitación absoluta perpetua en caso de indulto y a satisfacer la cantidad de 5.000 pesetas a cada una de las familias de los guardias civiles muertos. Se absuelve a José Antonio Vázquez Bouza que queda a disposición del juez militar. La sentencia debe cumplirse el 6 de diciembre en Pamplona.

Pero no solo revocaron la sentencia sino que el Consejo Supremo de Guerra y Marina impuso un mes de arresto al juez instructor de la causa y dos a cada uno de los vocales, que por mayoría votaron el fallo dictado por el Consejo de guerra de Pamplona. (En fin…)

Surgen voces solicitando los indultos al rey Alfonso XIII, pero éste no los concede. Destaca la del obispo de Pamplona, monseñor Mateo Múgica y Urrestarazu, que durante la noche del 5 de diciembre realiza varias conferencias telefónicas con Madrid, sin conseguir ningún resultado.

Los tres condenados entran en capilla el 5 de diciembre. La ejecución se ha encomendado al verdugo de Burgos. A las siete de la mañana, del 6 de diciembre, el director de la cárcel, el juez y el secretario llegan a la puerta de la capilla y tras ellos un piquete de soldados con la bayoneta calada. Los tres reos esposados se sitúan entre el piquete encargado de su custodia. Inician la marcha al patio donde está el patíbulo. En el trayecto Pablo Martín Sánchez consigue escaparse del piquete que custodia a los reos; cuando el piquete fue a detenerlo, salta por la muralla y se estrella en el foso de la escalera. Queda muerto en el acto, rodeado de un charco de sangre. La comitiva sigue hasta el patio. Son ejecutados a garrote vil en primer lugar, Enrique Gil y posteriormente Julián Santillán Rodríguez. A las siete y veinticinco de la mañana es izada la bandera negra en lo alto de la cárcel de Pamplona para comunicar la ejecución de los reos.

La ironía será que, aparte del guardia asesinado que era espinosiego, tres burgaleses participarón en el asunto de Vera, en especial al final, en el patíbulo: los ajusticiados y el verdugo, el famoso Gregorio Mayoral Sendino, titular de la Audiencia de Burgos y uno de los ejecutores con más fama del país, encargado de la ejecución de Angiolillo, el anarquista italiano que asesinó al presidente Cánovas del Castillo, o a los culpables del "Crimen del Expreso de Andalucía". Su paso lento, cansino, aterrorizaría, si cabe, aún más a los reos.
Mundo Gráfico 06/07/1932

Mundo Gráfico. 06/07/1932
El incidente de Vera de Bidasoa llenó muchas páginas de la prensa del momento, aún a pesar de la censura, que condicionaba las líneas editoriales y lo que se publicaba. Nos centraremos en cuatro periódicos de la época: La Voz, El siglo futuro, La Libertad y EL SOL. Del primero sacamos las descripciones de los encausados y con los otros tres, en la próxima entrada, relataremos las últimas horas de los condenados mezclándolos para dar dinamismo y dramatismo al texto (A ver que sale).

La Voz del 12/11/1924 detallaba:

En "La Voz do Guipúzcoa" llegada hoy a Madrid encontramos las siguientes informaciones complementarias acerca de los sucesos de Vera: ¿Quiénes son los detenidos? Con las dificultades inherentes a la situación pudimos conocer algunos detalles relativos a los doce presos (…):

El de más edad de todos ellos es Julián Santillán Rodríguez, que perteneció a la Guardia Civil y prestó sus servicios en las comandancias de Navarra, por lo cual serviría, probablemente, de guía—acaso con algún otro—a los componentes de la partida. Expulsado de la Guardia Civil, vendió precisamente los correajes a uno de los guardias del puesto de Elizondo, quo se hallaba persiguiendo a los pistoleros, Santillán es rubio y tiene la cabeza casi completamente canosa.

Pablo Martínez (sic) Sánchez dijo ser de Baracaldo y tener veinticinco años. Es un individuo muy alto, con bigote poblado y enmarañado. Representa tener más edad de la que confesó, y, más que vasco, parece gallego. Llevaba gorra de visera, gabán color café y traje de pana negro, la americana con cinturilla. Desde que lo detuvieron hasta que se le sacó del cuartel para la cárcel, permaneció encerrado en un mutismo absoluto, soportando con entereza la herida que tenia en la pierna, y que, aunque no era grave, debía de ser dolorosa. (…)

José Vázquez Bouzas es un muchacho de fuerte complexión, que tendrá, a lo sumo, veinticinco años. Casi tan alto como Martín Sánchez. (…) Tampoco llega a los veinticinco años Julián Fernández Revert, es de Elciego (Álava) y tiene diez y nueve años. Es, de todos, el que se mostraba más apesadumbrado.


Enrique Gil Galar—ya lo hemos dicho—es un personaje exótico, muy semejante por su aspecto al otro melenudo. Aunque ayer a última hora parecía haber mejorado notablemente, su estado es gravísimo. Tiene una bala alojada en el Temporal”.

Bibliografía:

Historia de España (Salvat)
Gaceta Jurídica de Guerra y Marina (01/12/1924)
La Voz.
Mundo Gráfico (06/07/1932)
El año político (1924)

¡Tened compasión de mí! (Vera de Bidasoa II)

La semana pasada relatamos el juicio, los juicios, a los que fueron sometidos Pablo, Enrique, José Antonio y Julián. Hoy contaremos como reflejó la prensa sus últimas horas. Se verá los muchos apoyos que sustentaban el deseo de indulto, que no de libertad, y las constantes negativas del gobierno y del Rey.

Trabajaremos sobre la base del texto del “El Siglo Futuro” del día 6 de Diciembre de 1924 con lo cual los párrafos no reseñados corresponderán a este periódico.

Que disfruten… si pueden.

DÍA 5 DE DICIEMBRE DE 1924

EN LA CARCEL
PAMPLONA.—Desde primera hora de la Mañana se redobló la guardia en la cárcel. En los alrededores de la prisión prestan servicio parejas de la Guardia civil de Caballería e Infantería. En las galerías inferiores, de la cárcel prestan también servicio parejas de aquel Instituto. El .personal del cuerpo de Prisiones ejerce también vigilancia y el director ha adoptado las precauciones propias del caso y ultimado los preparativos que proceden.


LLEGAN LOS EJECUTORES
Anoche llegó de Burgos el ejecutor de la Justicia de aquella Audiencia, y a la una de la tarde de hoy llegó el verdugo de Madrid. Desde la estación, y custodiados por la Guardia civil, se dirigieron a la cárcel, donde se encuentran.

GESTIONES DE INDULTO
El alcalde reanudó desde primera hora de la mañana, las gestiones a favor del indulto, y visitó nuevamente al Obispo, al gobernador civil, al presidente de la Diputación, al de la Audiencia y demás autoridades y corporaciones oficiales, todos los cuales se han dirigido al Gobierno. La Diputación Provincial ha dirigido al mayordomo Mayor de Palacio telegrama pidiendo el indulto:

"Ruego a V. E. trasmita a Su Majestad el Rey súplica fervorosa Diputación Navarra para que, dando pruebas una vez más de sus nobilísimos sentimientos, otorgue, si es posible, regio perdón a los tres desdichados condenados a muerte por el Consejo Supremo de Guerra por vituperables sucesos Vera, donde sacrificaron vida dos guardias civiles. Con el testimonio sincero gratitud, reitero a Su Majestad inquebrantable adhesión Navarra y su Diputación."(EL SOL 06/12/1924)

También le ha dirigido otro la asociación de la Prensa y el señor Obispo. Este pidió al coronel de la Benemérita que se asociara a la petición.

"Asociación Prensa Pamplona, identificada sentimientos autoridades, vecindario, ruega a vuecencia aconseje, si es posible, a Su Majestad conmutación última pena desdichados condenados execrables sucesos Vera, como suplicó propio fiscal al Consejo Supremo. Nuestra gratitud anticipada." (EL SOL 06/12/1924)

LECTURA DE LA SENTENCIA A LOS REOS EN CAPILLA.
A la una menos cuarto de la tarde se constituyó en la cárcel el Juzgado militar encargado del sumario en el procedimiento ordinario qua se sigue. En la Sala de audiencias de la prisión fue leída la sentencia de muerte a los procesados Martín Sánchez, Gil Galar y Santillán que escucharon la lectura del fallo muy abatidos, y después formularon débiles protestas de inocencia.

Seguidamente los reos ingresaron en capilla, instalada en la galería del primer piso de la prisión. Asisten a los condenados desde el primer momento el capellán señor Maisterrena, el Canónigo de la catedral Elesta y el Párroco de San Jerónimo, a cuya jurisdicción corresponde la cárcel. Los hermanos de La Paz y Caridad atienden también a los reos.

La entrada a la prisión ha sido prohibida en absoluto a aquellas personas que no estén provistas de un volante especial de la dirección de la cárcel. Los tres condenados han confesado esta tarde. Santillán, que se encuentra más sereno y confiado en el indulto, solicitó espontáneamente un sacerdote.



El Párroco de Baracaldo, pueblo de donde es natural Martín Sánchez, ha escrito una carta, al Obispo de  esta diócesis, encargándole, en nombre de la familia de aquél, que le requiera a cumplir los deberes religiosos, que de niño le enseñaron sus padres.

VISITAS A LOS CONDENADOS.
Poco después de entrar en capilla, los reos, fueron muy visitados. El primero en hablar con ellos fue su defensor ante el consejo de guerra, comandante de Carabineros señor Marcholi. A media tarde este señor recibió un despacho del comandante señor Matilla, que defendió a los acusados ante el Supremo redactado en los siguientes términos: «Lamento, infortunio y apenado le abraza, Aurelio».

A las cinco llegó a la prisión el alcalde de Pamplona, que habló con los reos, a quienes dijo que, en nombre de la ciudad, se estaba gestionando con toda actividad el indulto. Les prodigó frases de consuelo, y se ofreció a ellos para cuanto se les ocurriese. Los reos se limitaron a darle las gracias.

Poco después llegó a la prisión el Obispo, monseñor Múgica, que conversó con cada uno de los reos, dirigiéndoles piadosas confortaciones. Con Pablo Martín Sánchez, que como se sabe es de Baracaldo, habló el Prelado en vascuence. Después se despidió de ellos hasta media noche.

Terminada la confesión, Enrique Gil Galar reaccionó bastante y se mantuvo sereno y con ánimos para conversar con los sacerdotes que lo rodeaban. Más de una vez dijo: «Vengan, vengan, cuéntenme cosas» Y charló con el canónigo señor Eleta, que es quién le atiende.

Pablo Martín Sánchez se puso junto a la pared al entrar en capilla y permanece en el mismo sitio. Cuando alguno de los visitantes se le acercaba para fortalecerle o distraerle contestaba con monosílabos. A última hora de la tarde creyó Martín Sánchez que había llegado la hora de la ejecución y costó gran trabajo disuadirle de que estaba equivocado y deque aún quedaban esperanzas de que se concediera el indulto.

En la cárcel se recibió un telegrama de la madre de Martín Sánchez, que reside en Bilbao. El despacho dice así: «Hijo mío, perdida toda esperanza humana, tu madre, transido el corazón de dolor, postrada a los pies de la Virgen de los Dolores, implora que te dispongas a morir cristianamente, como cristianamente te enseñó a vivir. No niegues a tu madre este último consuelo.» Cuando el procesado leyó el telegrama se afectó mucho y lloró amargamente. El momento fue de verdadera emoción para cuantos lo presenciaron.


Los procesados se han negado hasta ahora, a acostarse. Toman de cuando en cuando sorbos de café y ponches de leche y huevo. Los hermanos de la Paz y Caridad acompañan a los reos, en unión de los sacerdotes de servicio en la cárcel.

En la prisión se halla constituido el Juzgado militar con carácter de permanencia. En representación de la autoridad de este ramo asiste el Secretario de causas del Gobierno, señor García Bravo. Hasta ahora no se ha recibido ni una sola respuesta a los numerosos despachos enviados a Madrid en solicitud de indulto.

LAS MADRES DE LOS REOS
La madre de Galar tenía anunciado que vendría el domingo para verle. Al perderse esta noche toda esperanza de indulto se le ha telegrafiado para que suspenda el viaje.


DURANTE LA MADRUGADA (DÍA 6)
PAMPLONA 6.—Los reos han pasado la noche muy abatido y así continúan. Además del capellán da la prisión les acampanan los hermanos de la Paz y Caridad y el médico, don Joaquín Echarpe. En el patio se han hecho los preparativos para dos patíbulos, por lo que habrá que retirar un cadáver para la tercera ejecución.

La unión Ilustrada


OTRAS PETICIONES DE INDULTO (EL SOL 06/12/1924)
Cuando ayer tarde llegó a la Presidencia, el marqués de Magaz dijo a los periodistas que no tenía ninguna noticia.—¿Se reciben—preguntó un informador—muchas peticiones de indulto en favor de los reos de Pamplona?—Muchas — contestó el presidente.—¿Han resuelto ustedes algo en este asunto?—Nada. Ya lo irán ustedes sabiendo todo.

El partido socialista ha dirigido al marqués de Magaz la siguiente carta:

"Excelentísimo señor presidente interino del Directorio militar. Muy señor nuestro: En representación del partido socialista obrero español, nos dirigimos a V. E. en solicitud de que no les sea aplicada la pena de muerte a las condenados por el Tribunal de Guerra y Marina con motivo de los sucesos de Vera. Al hacer esta petición en nombre de la clase trabajadora que sigue nuestra inspiración respondemos a los acuerdos que contra la aplicación de dicha pena tiene reiteradamente adoptados nuestro partido y a un sentimiento de humanidad, sin duda muy extendido en este caso. Esperando ser atendidos, quedan suyos ss. ss.: Por la Comisión Ejecutiva del partido, el secretario, Andrés Saborit; el vicepresidente, Julián Besteiro."


REFERENCIA OFICIOSA (EL SOL 06/12/1924)
Cuando el general Vallespinosa terminó anoche de facilitar a los periodistas las referencias acerca de Marruecos y de lo tratado en Consejo, penetró en su despacho sin dar ocasión a los informadores a dirigirle pregunta alguna sobre el tema que inspiraba anoche mayor interés.

Entonces uno de los periodistas, el Sr. Domingo, en representación de todos ellos, solicitó del general una breve audiencia, que le fue concedida en el acto. El auditor tras de manifestar que el Gobierno había quedado enterado de la sentencia, sugirió a su interlocutor la idea de que él y sus compañeros interrogasen al presidente accidental. Y cuando el marqués de Magaz se retiraba, al verse rodeado por los periodistas, se apresuró a exclamar;—El general Vallespinosa dirá a ustedes todo lo que hay.

De nuevo penetró el Sr. Domingo en el despacho del auditor, y sólo obtuvo esta lacónica referencia:—El Gobierno quedó enterado de la sentencia, y los reos han entrado en capilla a las seis de esta tarde.



LOS ÚLTIMOS MOMENTOS DE LOS REOS.
PAMPLONA 6. Los Padres Carmelitas han impuesto a los reos escapularios de la Virgen del Carmen. Enrique Gil besa devotamente el crucifijo que le presenta el capellán de la cárcel y llora sin cesar. Sánchez se lamenta del disgusto que sufrirán sus padres. Santillán sigue muy animado, confiando en el indulto.


A las doce ha vuelto el Obispo a visitar a los reos retirándose después a rezar con ellos el Rosario y prodigarles consuelos. (Según EL SOL 06/12/1924:) A la una de la madrugada salió de la prisión el obispo de Pamplona, después de haber prometido a los reos que media hora antes de que tuviera lugar la ejecución diría una misa en el palacio episcopal para encomendar sus almas a Dios.

A las doce y media, Enrique Gil solicitó recado de escribir y redactó una larga y sentida carta para su madre. La entregó abierta al capellán Sr. Maizterrena. También escribió y entregó otra carta cerrada al mismo señor el reo Santillán. Al entregarla dijo:—Mi última carta. (EL SOL 06/12/1924)

CON EL JUEZ MILITAR (EL SOL 06/12/1924)
A la una y media, los reos llamaron al juez militar, Sr. Clares, y le rogaron que en las diligencias que ha de practicar en la instrucción del procedimiento ordinario por este proceso procure rehabilitar su memoria. Agregaron que perdonaban a sus acusadores. Santillán llamó al comandante Mocholi y le entregó retratos familiares, rogándole que se los pusieran sobre su corazón, pues quería que se conservasen junto a su pecho.

Enrique Gil durmió desde las dos y cuarto hasta las cuatro y cuarto bastante tranquilo. Cuando se despertó y se le dijo que había dormido dos horas se sorprendió, pues creía que sólo había dormido breves momentos. El reo Santillán se mostraba a primera hora de la noche esperanzado, y durante toda ella, a pesar de ir perdiendo esperanzas a medida que ésta avanzaba, no decayó su entereza.

En las primeras horas de la madrugada se echó un rato, fumando constantemente. Pidió una copa de coñac, y cuando, se la sirvieron exclamó:—¡Debía ser veneno! Poco después, y al saber que Enrique Gil dormía, dijo:—Ese es feliz ahora; pero cuando despierte...


Pablo Martín pidió al juez que le permitieran despedirse de dos compañeros de los que están sujetos a procedimiento ordinario, a quienes deseaba mostrar su gratitud por haberle recogido cuando cayó herido en la refriega.

A las cuatro de la madrugada fueron conducidos a la capilla. Cumpliendo el deseo de Pablo Martín, Juan José Anaya y Leandro Fernández, que se impresionaron hondamente al ver que sus compañeros estaban en capilla, pasaron a la celda de Pablo Martín para hablar con éste. La entrevista fue muy breve.

DOS MISAS
A las cuatro y media de la madrugada, los sacerdotes Sres. Eleta, Baisterrena, Celayeta y Cuevas prepararon a los reos para oír misa y poco después dijo la primera el párroco de San Lorenzo. De los tres procesados, el que escuchó misa con más serenidad fue Santillán. Gil rezó fervorosamente. Martín daba pruebas de abatimiento. Oyeron la misa todas las personas que acostumbran acompañar a los reos de muerto.

El momento de comulgar fue emocionante. La segunda misa la dijo el canónigo Sr. Eleta, y después de terminado el sacrificio impuso a los reos la medalla de la Virgen Milagrosa.

SE PIERDE LA ESPERANZA DE INDULTO (EL SOL 06/12/1924)
A las seis de la mañana se supo por una conferencia celebrada por el Gobierno militar que no se había recibido contestación a las insistentes peticiones de indulto. Cuando empezó a amanecer, el juez dispuso que los verdugos fuesen conducidos por parejas de la Guardia civil y escoltados por un piquete de la guardia exterior de la cárcel al camino de ronda de la prisión, que es estrecho y circunda todo el establecimiento.



A las siete y dos minutos fueron sacados de la capilla los reos y se organizó la comitiva en la siguiente forma: un piquete de infantería de la Guardia civil, el juez, los médicos, los reos y los sacerdotes que les iban acompañando, hermanos de la Paz y Calidad, autoridades gubernativas y municipales y los tres vecinos que dispone la ley que asistan a estos actos.

Cerraba la marcha un piquete de infantería de la Guardia civil. Pablo Martín huye y se suicida. Al salir de la galería del piso primero, donde estaba la capilla, y al trasponer una puerta que da acceso al lugar de la ejecución, Pablo Martín, que había rogado antes a los sacerdotes que no lo sostuvieran porque no lo necesitaba, huyó por la escalera que conduce al segundo piso, ante la sorpresa de los que le acompañaban.

Los hermanos de la Caridad que se encontraban en el segundo piso lo vieron cruzar, y cuando sus perseguidores y un vigilante de la cárcel que se encontraba en lugar cercano iban a darle alcance, subió Martín a un pasadizo que une los dos cuerpos del edificio de la prisión, y al llegar a la mitad de él hizo un ademán de despedida y se arrojó al patio. Al chocar contra el suelo se destrozó la cabeza.

El juez ordenó a los médicos que reconocieran al suicida y dispuso que siguiera, su marcha el cortejo.

LA EJECUCIÓN DE LOS REOS (EL SOL 06/12/1924)
(Recurrimos en este punto a un párrafo de LA LIBERTAD 07/12/1924) Aceleradamente el juez dispuso que fuera ejecutado Gil Galar, en primer término. Este marchó por su pie hasta el lugar de la ejecución, en el ángulo Norte del edificio, donde se había levantado un doble patíbulo, y fue colocado en uno de ellos a las siete y diez minutos.

Gil Galar pronunció unas palabras, haciendo protestas de inocencia, y dio las gracias a los hermanos de la Paz y Caridad, diciendo:—¡Tened compasión de mí!
Inmediatamente de llevar a cabo esta ejecución se recibió en la prisión un telefonema, dirigido por su madre al que acababa de morir, en el que decía: "Perdida toda esperanza, ruega Virgen Carmen como yo. El último abrazo de tu madre y hermanos."

Inmediatamente en que Gil murió se Izó en la puerta principal de la cárcel la bandera a media asta. (La Libertad)

A las siete y veintiún minutos fue retirado del patíbulo Gil Galar, y tres minutos después era colocado en el otro patíbulo Julián Santillán. Al sentarse presunto si su compañero Martín Sánchez se había matado al arrojarse al patio. (La Libertad).



Santillán marchó por su pie al patíbulo, mirando a todos los presentes, y al sentarse pidió permiso para pronunciar algunas palabras. Le fue concedido, y dijo:—Al pueblo de Pamplona doy las gracias por sus insistentes gestiones en favor de nuestro indulto. También a los oficiales del Consejo de guerra y al personal de la cárcel, al defensor, comandante (hizo una pausa, sin duda porque no recordaba el apellido). Terminó diciendo: No ha triunfado la justicia, sino la tiranía. Dirigiéndose al verdugo: -—Tú—dijo—no me hagas sufrir. Murió a. las siete y veinticuatro minutos.

Poco después de firmarse el acta que ordena la ley, y puestos los cadáveres de los ajusticiados en ataúdes, llegó el clero parroquial de San Lorenzo con cruz alzada para hacerse cargo de ellos. (Serían llevados al cementerio para darles sepultura).

EL SUICIDIO DE MARTÍN (EL SOL 06/12/1924)
El cadáver del suicida Pablo Martín quedó en el patio hasta que el Juzgado ordenara su levantamiento. Habrá que nombrar un juez especial para instruir el sumario por este suicidio, pues el Sr. Clares, como testigo, no puede instruirlo. El juez Sr. Clares ha dado cuenta del suicidio de Pablo Martín a las autoridades militares.

Se sabe que Pablo Martín dijo a sus vigilantes cuando conoció la sentencia:—A mí no me dan garrote.

Al llegar esta tarde a primera hora el general Magaz a la Presidencia manifestó que venía de inaugurar la Exposición de Telefonía sin hilos Contestando a preguntas de los periodistas confirmó que esta mañana habían sido ejecutados los reos de Pamplona, a las siete de la mañana, absteniéndose de dar detalles por estimar que ya serían conocidos en los periódicos, toda vez que a Ias ejecuciones asisten periodistas. (Párrafo de “El siglo futuro” 06/12/1924)

Blasco Ibáñez, Unamuno y Eduardo Ortega y Gasset calificaron de asesinato las ejecuciones en un texto conjunto publicado en Francia.

La semana que viene un recuerdo los Guardias Civiles caídos en Vera de Bidasoa ese 7 de Noviembre de 1924.
Fotografías:

Mundo Gráfico del 10/12/1924
La unión Ilustrada 10/12/1924

Quiero dedicar esta entrada al escritor de Las Merindades Aitor Lizarazu Pérez, miembro de la familia de Pablo Martín, el cual era tío carnal de su abuela. Y a José Antonio San Millán Cobo, de Espinosa de los Monteros, de la familia de Aureliano Madrazo Ortiz, uno de los dos Guardias Civiles Asesinados.

Gloria a los Héroes. (Vera de Bidasoa III)

No me he olvidado de quienes cayeron por defender la ley y mediante la transcripción de esta loa y un artículo gráfico cierro la serie sobre estos sucesos de 1924 en que, por un lado y por otra, estuvieron implicados hijos de Las Merindades. 

Capitán de la Guardia Civil 1922. Uniforme con
Pelliza (Fuente Foro Gran Capitán)
 
Y es que el mundo da muchas vueltas... 

"Emoción inmensa ha producido en España entera el acto de valor heroico que el día 7 de Noviembre último realizaron en Vera (Navarra) los malogrados cabo y guardia segundo de aquel puesto, Julio de la Fuente Sanz y Aureliano Ortíz Medrazo (q. e. p. d.).

Cuando en la madrugada de dicho día regresaban de servicio, llegó a sus noticias la presencia de una partida armada en aquellos contornos, y fieles a su deber se dirigen inmediatamente a darle alcance. El bizarro cabo De la Fuente, cumpliendo exactamente lo prevenido para estos casos, da el alto a los sospechosos mientras el guardia auxiliar de pareja se apresta a la defensa, y la contestación es una descarga cerrada que derriba al valeroso cabo herido de siete balazos, uno de los cuales le atravesó el corazón.

El guardia Ortiz no se arredra; hombre de complexión hercúlea y valeroso hasta la temeridad, rompe el fuego contra sus adversarios y les hace retroceder. Estos son unos treinta y disparan sin cesar sobre el valiente que como un león lucha lleno de balazos mientras le queda un hálito de vida.

Al caer agónico el gigante, dos de los sediciosos se atreven a acercarse para arrancarle el fusil, y sin reparar que es ya cadáver, hunden sus puñales en el cuello del que expira. Pero ni aún después de muerto pueden quitarle el arma. Con sobrenatural esfuerzo la asió como prenda de honor al escapársele la vida.

Entonces fue arrojado al río. La Institución ha dado dos vidas más al cumplimiento del Deber—dice la Orden general del Cuerpo de 10 de Noviembre—. Esta vez fueron dos vidas jóvenes, su sacrificio ejemplar fue tan celoso y abnegado como el realizado en otras ocasiones por los veteranos. Y es que unos y otros eran Guardias civiles".


VALENTÍN BLANCO TARANCÓN
Guardia segundo

La REVISTA TÉCNICA del Cuerpo rinde homenaje de admiración al valor heroico, de los que fueron cabo Julio de Fuente Sanz y guardia Aureliano Ortiz Madrazo, cuyos nombres serán de imperecedero recuerdo en el corazón de todos los buenos españoles, y figurarán como timbre de honor en los anales de la benemérita Institución.

Art. Mundo Gráfico
Mundo Gráfico


Bibliografía:
Revista técnica de la Guardia Civil. 12/1924, n.º 178, página 28
Mundo gráfico. 19-11-192



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