El hijo del Ahuizote



diario "El Ahuizote" 

Encabezado Diario 30 de enero 1901

16 de abril de 1903 , México. El periódico " El hijo del Ahuizote "(El hijo del intruso) son invertidos por la policía por segunda vez. El personal del periódico, incluido Ricardo y Enrique Flores Magón y Librado Rivera fueron detenidos por "gobierno ridiculizado".


De derecha a Izquierda: Anselmo L. Figueroa, Praxedis G. Guerrero, Ricardo Flores Magón, Enrique Flores Magón, y Librado Rivera.  Miembros de la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano, 1906

El Hijo del Ahuizote: Origen y nacimiento
Rafael Barajas El Fisgón


El Hijo del Ahuizote

hay algunas publicaciones que marcan toda una era e incluso trascienden su tiempo; tal es el caso de El Hijo del Ahuizote
 
El Hijo del Ahuizote: origen y nacimiento
El Hijo del Ahuizote, 23 de agosto de 1885
Memoria 2010 © Derechos Reservados

 

Rafael Barajas El Fisgón


Salió Tuxtepec tan malo
Que hasta su hijo le arremete:
¡La cuña para que apriete
Ha de ser del mismo palo!


Su padre, El Hijo del Ahuizote 



Por definición las publicaciones periódicas tienen una vida útil limitada y pasajera (las revistas viejas se venden por kilo y una popular canción recuerda que no hay nada más estorboso e inútil que un periódico de ayer).1 Sin embargo hay algunas publicaciones que marcan toda una era e incluso trascienden su tiempo; tal es el caso de El Hijo del Ahuizote.



Este semanario con caricaturas es un monumento a la perseverancia, a la necedad principista y al valor civil; defendió el ideario liberal mexicano y encabezó la lucha contra la dictadura porfirista en una etapa en que criticar al régimen o satirizar al Presidente era arriesgar la libertad y la integridad física, y mantuvo –en los hechos, junto con unas cuantas publicaciones más, como El Diario del Hogar y Regeneración– la libertad de imprenta en México en un momento en que esto parecía imposible. Por si ello fuera poco, esta revista contribuyó como ninguna otra a organizar y difundir las demandas, el ideario, el programa y el proyecto de nación de varias generaciones de mexicanos inconformes, por lo que es merecidamente considerada como una importante precursora intelectual de la Revolución mexicana. De hecho, uno de los últimos grandes redactores de El Hijo del Ahuizote, Luis Cabrera, fue redactor principal de la Constitución mexicana de 1917 (el documento más importante surgido de la gesta revolucionaria).



A pesar de su importancia, la revista no ha sido suficientemente estudiada y en realidad sabemos muy poco de sus orígenes, de su historia, de sus debates internos (fundamentales para la historia de la Revolución), de la vida de su director, Daniel Cabrera, y la de sus colaboradores. Una primera aproximación revela que su transcurrir fue tormentoso y apasionante, y que desde que vio la luz, El Hijo del Ahuizote ha sido material para el historiador y para el novelista. En este texto hablaremos de los orígenes de esta revista y de su alumbramiento.

El Hijo del Ahuizote
El Hijo del Ahuizote: origen y nacimiento
Daniel Cabrera en La Patria Ilustrada, 21 de julio de 1890
Memoria 2010 © Derechos Reservados

El nacimiento de un hijo que tuvo padre, pero no madre
El primer número de El Hijo del Ahuizote, fundado, dirigido y dibujado por Daniel Cabrera, sale a luz el domingo 23 de agosto de 1885, recién consumada la primera reelección del general Porfirio Díaz, cuando está consagrada la “Ley mordaza” y la autoridad del caudillo se encuentra en su apogeo.



Desde su cabezal el nuevo periódico se muestra provocador, rebelde e irreverente, pues se anuncia como un “semanario feroz, aunque de nobles instintos, político y sin subvención como su padre, y como su padre, matrero y calaverón (no tiene madre)”.2 El primer número de la revista es atrevido; las caricaturas y los textos de los interiores atacan al presidente Díaz y a su gabinete. La portada es una caricatura que representa al Hijo del Ahuizote –el personaje emblemático de la revista– parado frente a un caballete que sostiene una tela donde está bosquejado el retrato de don Porfirio; a sus espaldas, en la pared, está colgado un número de la famosa revista El Ahuizote, de 1876, donde está impreso el perfil de Sebastián Lerdo de Tejada, el presidente a quien Díaz derrocó con el Plan de Tuxtepec, reformado en Palo Blanco. Con una navaja este Hijo le saca punta a una pluma de dimensiones temibles hecha de material de Palo Blanco, y tiene a su lado un jarro lleno de negro huizache con el que va a completar el cuadro. De la pared del fondo penden los retratos de los políticos más notorios del momento. Arriba, los miembros del gabinete: Manuel Romero Rubio, Manuel Dublán, Ignacio Mariscal, Carlos Pacheco, Pedro Hinojosa y Joaquín Baranda; abajo, el retrato de gran formato de Manuel González. Al pie de la estampa se lee:

Salió Tuxtepec tan malo
Que hasta su hijo le arremete:
¡La cuña para que apriete
Ha de ser del mismo palo!


Esta litografía, acuareleada a mano y firmada por Fígaro (seudónimo de Daniel Cabrera) es, a la vez, una declaración de principios, una declaración de guerra contra don Porfirio, y está llena de referencias que hablan del carácter de la publicación, de la tradición periodística que pretende encarnar, de su programa editorial y de lucha, y de su genealogía política.

El Hijo del Ahuizote
El Hijo del Ahuizote: origen y nacimiento
Portada del tercer número de El Hijo del Ahuizote, 6 de septiembre de 1885
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En su escrito El arsenal del caricaturista, el ensayista Ernst H. Gombrich plantea que la fuerza y el peligro del viñetista están en que “nos hace más fácil tratar las abstracciones como si fueran realidades tangibles”.4 El dibujante satírico retrata tipos, crea arquetipos y busca darle una fisionomía a cosas y fenómenos inasibles; gracias a estos artistas la muerte, la paz, la justicia, la democracia, la república o Juan Pueblo se han convertido en personajes identificables. Así, muchas publicaciones de gráfica satírica, desde Punch y Puck hasta Mad Magazine, tienen personajes-emblema que tratan de ser la representación gráfica de su sustancia. 



Muchos de los semanarios mexicanos del siglo XIX que incluían caricaturas tienen un personaje emblemático que encarna su alma editorial: Don Simplicio es caracterizado por un empresario atrabancado; El Calavera por un esqueleto vividor; El Padre Cobos por un cura revoltoso de pueblo. El semanario El Ahuizote es el antecedente directo de El Hijo del Ahuizote. Un ahuizote es a la vez un animal mitológico, un rey mexica bajo cuyo reinado sucedieron varias catástrofes y una persona de mal agüero. El Hijo aclara que no es hijo del famoso monarca azteca:



No, señores, soy hijo de aquel Ahuizote que, tridente en ristre arremetió contra el Señor del Buen Diente, esperando que los señores de Tuxtepec sacarían al buey de la barranca.



El Ahuizote tiene como personaje emblemático a un diablillo travieso con alas de murciélago, mirada aguda, sonrisa irónica y un gran colmillo; va casi desnudo y carga un enorme trinche. El figurín de El Hijo del Ahuizote se parece al de su progenitor: conserva algo del gnomo malévolo y travieso, con su mirada penetrante, su sonrisa sarcástica y su gran colmillo que amenaza con mordernos. Pero este Hijo tiene características muy personales más que un demonio, el descendiente del Ahuizote es un muchacho mestizo de pelo ensortijado; su atuendo se parece al del duende travieso de la revista neoyorquina Puck, aunque tiene mucho de rural y algo de urbano: cual un campesino indígena que trabaja la tierra, está descalzo y viste pantalones de manta blancos, que siempre lleva doblados a la altura de las rodillas, en señal de que trabaja; cual chamaco campirano recién llegado a la ciudad pero que aspira a ascender en la escala social, porta levita (y a veces chaleco); finalmente, está tocado con un sombrero de copa, lo que significa que tiene altos ideales y aspiraciones. En vez del trinche demoniaco, sus armas son la pluma puntiaguda del escritor satírico y el lápiz litográfico del caricaturista. Al igual que muchos personajes cómicos populares del siglo XIX y principios del XX (como Cantinflas o Medel), El Hijo del Ahuizote está inspirado en el pelado, pobre y malhablado, pero ingenioso y claridoso; es un sobreviviente que trabaja en lo que puede para mantenerse, tiene algo del periodiquero y del niño de la calle; es como un huérfano o un hijo natural, y su confesión de que “no tiene madre” subraya su carácter lépero y bastardo. Pero no hay que dejarse engañar por las apariencias; en realidad El Hijo del Ahuizote tiene alma noble y es un vástago legítimo de la ilustre familia liberal mexicana.

El Hijo del Ahuizote
El Hijo del Ahuizote: origen y nacimiento
El Ahuizote, la prensa fue una de las armas favoritas de los liberales en su lucha contra los conservadores
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Daniel Cabrera,

El Hijo de El Ahuizote

La anatomía, la vestimenta, los rasgos físicos y de carácter del personaje emblemático inventado por Cabrera revelan mucho de la personalidad, de las aspiraciones y orígenes del propio dibujante y director de la revista. El muchacho provocador que llega a la capital desde la provincia y que casca calzón de manta, levita y sombrero de copa es un alter ego de Daniel Cabrera. Una fotografía de estudio plasma al joven periodista parado sobre un pie, con los brazos cruzados y la mirada retadora; su tez clara, su pelo hirsuto, sus bigotes algo ralos pero largos, sus labios un poco gruesos y sus ojos ligeramente rasgados delatan su sangre mestiza; viste elegante traje citadino, pero el telón de fondo que escogió para su retrato es la imagen bucólica de un paisaje rural. Otra foto lo presenta con un sombrero de copa muy alto que su personaje ficticio hubiera portado gustoso.



Daniel Cabrera es el hombre que le da vida y alma a la revista satírica antiporfirista por excelencia; él es el fundador, editor, dibujante y autor de muchos textos y editoriales de la revista; él es el mismísimo Hijo del Ahuizote; de hecho, firma sus escritos con ese seudónimo y en el medio se le llama así, como lo prueba esta cuarteta que está al pie de un retrato suyo que apareció en 1890 en el semanario La Patria Ilustrada: 

Daniel Cabrera
Si escribe es á la carrera
Si habla ó dibuja va al trote
El “Hijo del Ahuizote,”
O sea, Daniel Cabrera.


Daniel es dinámico y un poco atrabancado –tal como lo describen estos versos–, y los periodistas e intelectuales porfiristas suelen ningunearlo o tratarlo con desprecio, pero el escritor y dibujante es hombre notable y tiene cualidades que sus colegas de la prensa independiente saben apreciar. En 1890, en el periódico El Partido Liberal, bajo el seudónimo de Ariel, el periodista Ricardo Domínguez describe así al fundador de El Hijo del Ahuizote:

Con sólo verle una vez se reconoce en él al hombre inteligente.
Su fisonomía puede tomarse como espejo de su espíritu siempre despierto y animoso.
Ello lo revela hasta en lo más arcano de sus sentimientos que son los del joven intrépido, sediento de honrada gloria (...)
En su trato íntimo nada hay de fingimiento.
Desconoce la doblez.
No se le ha pegado, ni creemos que se le pegue en lo sucesivo, ese convencionalismo social en el que caen, como la mariposa en la llama, los que vienen a esta metrópoli,
en la cual la forma lo es todo para las gentes, a quien cohíben ciertas exigencias, indeclinables para muchos que se les rinden a discreción.

El Hijo del Ahuizote
El Hijo del Ahuizote: origen y nacimiento
Daniel Cabrera, Colección Rafael Barajas El Fisgón. El Hijo del Ahuizote, 8 de noviembre de 1885
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En materia de cambios, uno nada más se opera en su carácter: el de la cultura de su espíritu que diariamente adquiere, como el oro en la mano del artífice, mayor y más hermoso pulimento.



Esto se ve en sus dibujos de El Hijo del Ahuizote, periódico suyo que goza ya merecida reputación, por sus caricaturas, muy especialmente (...)



Es del caso decir también, que con la misma soltura y habilidad con que maneja Cabrera el lápiz del buen dibujante, maneja la pluma del experto escritor.



Todavía más: habla con cierta facilidad dominando en sus discursos un criterio sano y elevado (...)


En este terreno es uno de los primeros que se levantan solicitando un consuelo para todos los que sufren.

Aun como oposicionista, no se ensaña con sus adversarios. No es de aquellos que hacen un sistema de la intransigencia, creyendo que así proceden rectamente.

Es honrado, laborioso y sumamente desprendido, cualidad rarísima esta última cuando se ejercita, como él lo hace, en su carácter de editor.

Daniel Cabrera Rivera es uno de los periodistas independientes más notables de su tiempo y uno de los importantes de la historia de México. En la historia personal de este intelectual se encuentran algunas de las claves que nos permiten entender una parte de los orígenes de la lucha antiporfirista y de la gesta revolucionaria de 1910.

Daniel Cabrera, hijo de

Zacatlán y de la familia liberal


Daniel María Macario Cabrera Rivera nace en Zacatlán, Puebla, el 3 de enero de 1858 en el seno de una familia liberal (aunque católica) y es bautizado el día siguiente en la parroquia del pueblo.8 Su padre es don José María Plutarco Cabrera y su madre, doña Francisca Rivera.
En lo político y lo social, Zacatlán es representativo del resto del país. En 1898 el corresponsal zacateco de El Hijo del Ahuizote escribe:

hablar de Zacatlán es hablar de la mayoría de las poblaciones de la República. En todas partes, como en Zacatlán, se encuentran un clero ambicioso e incansable por su medro; un grupo de fanáticos minando los hogares; otro grupo de politicastros convenencieros y finalmente un pequeñísimo círculo de liberales arrollados por la clerecía.

El Hijo del Ahuizote
El Hijo del Ahuizote: origen y nacimiento
El Hijo del Ahuizote, número 12 ¡Cataplum!
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La familia Cabrera forma parte del círculo liberal zacateco que vive arrollado por la clerecía, y este microcosmos explica en gran medida el anticlericalismo de El Hijo del Ahuizote y el que Cabrera viera la causa liberal como un apostolado. En este sentido, Daniel no sólo es hijo de la montaña de la sierra poblana, también de la montagne, de los jacobinos radicales. Un colega observa: “véase en él al hijo de la montaña, puro de alma como las brisas que mecieron su cuna, vecina al nido del águila”.



La familia de Daniel Cabrera pertenece a ese grupúsculo progresista que, según alguno de sus miembros, se caracteriza por “su honradez política y social” y por su “instrucción no vulgar”.12 El padre de don Daniel, el señor don José María Cabrera Ricaño, es un militar que lucha bajo las órdenes de los oficiales liberales radicales más notables: 



Actuó en la Guerra de Reforma a las órdenes del Coronel Juan N. Méndez. En la batalla del 5 de mayo a las órdenes del General Negrete en Loreto y Guadalupe (reseña histórica de Santibáñez) y en el sitio del 63 en Puebla en las acciones de Armas de Santa Inés de la Ciudad de Puebla a las órdenes de Ignacio de la Llave. Estuvo también en el sitio de Oaxaca.

Al disolverse el Ejército de Oriente se fue a Zacatlán; allí fue aprehendido y estuvo a punto de ser fusilado. Se fue de aquí con el General Cravioto a Huauchinango; de allí a Toluca y en el Sitio de Querétaro formó parte del Estado Mayor del General Vicente Riva Palacio.


En las guerras populares y en las revoluciones las redes de confianza y de amistad son muy importantes, pues en tales situaciones una falla puede ser mortal y una traición es imperdonable. Gracias a esas redes durante las guerras de Reforma y de la Intervención algunos caudillos logran consolidar grupos de resistencia popular y hasta fuerzas militares importantes en diversas regiones: Riva Palacio organiza la resistencia patriótica liberal en Michoacán y el Estado de México; Rafael Cravioto lo hace en la zona de Huauchinango, y en la sierra de Puebla el que manda es Juan N. Méndez. Al igual que Trinidad García de la Cadena en Zacatecas o Gerónimo Treviño en Nuevo León, estos caudillos regionales reconocen el liderazgo político y militar de Porfirio Díaz en el país entero; el general oaxaqueño es el jefe de estos señores, y a su vez ellos son su base política más sólida. En 1876 Méndez, Negrete, Cravioto y Riva Palacio son parte activa de la Revolución de Tuxtepec que lleva a Díaz a la presidencia, y todo obliga a pensar que José María Cabrera está con sus viejos jefes militares en esta revuelta.



El caudillo Juan N. Méndez es un tuxtepecano prominente; se le nombra presidente interino de la República después de la huida de Lerdo en 1876 y se postula como candidato a la presidencia de la República en 1880. La familia Cabrera mantiene lazos perdurables de lealtad y amistad con Méndez, y a lo largo de toda su vida Daniel trabaja y tiene contacto con parientes y amistades del caudillo serrano; en 1894, a la muerte del general, El Hijo del Ahuizote publica una nota firmada por su director en la que declara que él y los suyos son “paisanos del Sr. Méndez y amigos personales de él por tradición de familias”.

El Hijo del Ahuizote
El Hijo del Ahuizote: origen y nacimiento
El Hijo del Ahuizote, número 57, Variaciones sobre el mismo tema
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En tiempos de la Reforma la familia de José María Cabrera vive con estrecheces y sigue al militar en sus traslados; en su autobiografía Daniel habla de “la falta de recursos de su familia” y de “los frecuentes cambios de residencia que ésta hizo con motivo de las guerras de Tres Años, la de Intervención, y la del Imperio hasta el año de 1876, al triunfar la revolución de Tuxtepec”. Así, a lo largo de toda su infancia Daniel sigue más o menos de cerca algunos de los acontecimientos que marcan a la generación de su padre: la de los militares liberales que luchan contra los conservadores y el invasor francés. 



Ya en su adolescencia Daniel lee con avidez los números de El Ahuizote que edita Riva Palacio, disfruta de las caricaturas y la sátira política de aquella revista y se empapa de su sentimiento irreverente y antilerdista:



llamaban mi atención las caricaturas del Ahuizote que ridiculizaban a don Sebastián Lerdo de Tejada haciéndolo aparecer como tirano: en festines, crápulas y orgías, de manera que yo creía a ese ilustre abogado un personaje corrompido de los tiempos del Bajo Imperio, algo así como Dioclesiano o Nerón.



Al parecer para la familia Cabrera es un deber ineludible participar en las guerras patrias, pero estudiar es un anhelo y una obligación patriótica. La educación de Daniel no se interrumpe ni en los periodos más difíciles. El doctor don José María Cabrera de los Reyes, entonces párroco de Ixtacamaxtitlán, le imparte la instrucción de segunda enseñanza a su sobrino Daniel y le enseña latín, francés, matemáticas y ciencias sociales. En su ciudad natal el joven toma sus primeras lecciones de pintura con el dibujante y escultor zacateco Miguel Medina y, según él mismo afirma, complementa su formación artística con la lectura de El Ahuizote; luego vive durante un año en la ciudad de Puebla con su tío el educador Ángel W. Cabrera. 


Al triunfo de la revolución de Tuxtepec Daniel tiene 18 años y se radica en la ciudad de México para profundizar sus estudios y aprender pintura en la Escuela Nacional de Bellas Artes; asiste a la Escuela Nacional Preparatoria para estudiar las asignaturas de italiano e historia universal, y finalmente recibe una beca para la Escuela Nacional de Artes y Oficios, donde estudia el oficio de litógrafo. 


De baja política, ética,

positivismo y socialismo utópico


En 1880 los caudillos tuxtepecanos más notorios se pelean entre sí para suceder a Porfirio en la silla presidencial: Justo Benítez, Ignacio L. Vallarta, Manuel González, José María Zamacona, Trinidad García de la Cadena, Juan N. Méndez y otros fomentan la creación de sendos partidos personalistas; a lo largo de toda la campaña el debate electoral es bajuno, pues se centra más en las personas que en los programas, principios o ideales. Es lógico suponer que en esta contienda Daniel Cabrera habría tomado partido por Méndez, sin embargo no hemos encontrado datos que lo confirmen. En cambio, en un texto que sepublicó después de que se declarara presidente electo al general Manuel González, Daniel Cabrera critica el penoso espectáculo dado por Palo Blanco y se lamenta, de manera indirecta, por el resultado de la elección:

El teatro que debiera ser el escenario augusto de los derechos, se convierte en mercado inmundo en cuyas puertas quedaron sin penetrar á él la honra y la legalidad; en cuyas puertas, bajo el influjo de rayos de oro se torciera mas de una recta conciencia, para ir á destrozar la bandera de un pueblo cifrada en una ley, y bautizada como todos los grandes trofeos de la humanidad, con la sangre de los mártires. Y después de luchar, y después de dejar el suelo tinto en sangre de inocentes, al despejarse la bruma, al ahogarse el escándalo, se tiene por único resultado la exaltación de un hombre.

El Hijo del Ahuizote
El Hijo del Ahuizote: origen y nacimiento
Vicente Riva Palacio (1832-1896), nieto de Vicente Guerrero por línea materna, fue un apoyo fundamental en la publicación de El Hijo del Ahuizote
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Este texto prueba que, al igual que muchos jóvenes de aquel tiempo, Daniel estaba asqueado por la vulgaridad de la contienda personalista y por la baja calidad de la escena política mexicana. En los círculos intelectuales y académicos de la época el debate político tiene más altura y se centra más en ideas y principios. 



En sus años de estudiante Cabrera entró en contacto con las teorías filosóficas y sociales modernas; en la Escuela Nacional Preparatoria y en la Escuela Nacional de Artes y Oficios debió conocer algunos rudimentos de filosofía positivista;19 además, tuvo cierta relación con Justo Sierra, que años después fundara el Partido Científico.



En la Escuela Nacional de Artes y Oficios entra en contacto con el discurso de la epopeya del “trabajo y el progreso”. Se muda entonces al número 24 de la Calle de la Cervatana, una casa muy grande donde viven varias familias; allí conoce al licenciado Jesús Flores, que no es otro que Jesús Flores Magón, y es muy probable que por medio de los Flores Magón haya entrado en contacto con escritos socialistas. De hecho, en el texto en que critica la contienda personalista de 1880 el joven Cabrera manifiesta su simpatía por las doctrinas obreristas radicales: 

Donde reside la savia vivificante del adelanto de las masas populares, es en las clases industriales y comerciantes, en los círculos de obreros; en esos apóstoles sin gloria ni nombre cuyas frentes empaña el polvo de las cementeras y de los talleres, y en que, á través de ese polvo que honra más que el pomposo fausto del guerrero y del tribuno, irradia el fulgor que anuncia al mundo la venida de un sol nuevo para las sociedades: el sol de la Industria. Podrá estar esa fuerza impulsiva en la sangre vírgen de la raza indígena tan vilipendiada, y que, extranjera en su propia patria, la audacia de otra raza ha puesto fuera de la comunión de los pueblos en el santuario de la civilización (…) este grupo social es entre nosotros el Prometeo de los tiempos modernos: sujeto á la roca de la miseria y relegado a las esferas sociales donde muere su noble corazón, corroe sus entrañas el buitre de la ignorancia. 

A pesar de las referencias racistas, típicas de los discursos positivistas, predomina en este texto el lenguaje del socialista utópico que anhela la superación de su gente y el triunfo del pueblo.

El Hijo del Ahuizote
El Hijo del Ahuizote: origen y nacimiento
Villasana en La Patria Ilustrada, 4 de agosto de 1890
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Con ustedes… Daniel Cabrera


Por todo lo anterior se puede afirmar que El Hijo del Ahuizote es hijo legítimo de Tuxtepec. Este chamaco viene del pueblo pobre, pero tiene una formación sólida; sabe de la lealtad que le profesan al caudillo Porfirio Díaz los militares de la generación de su padre; vive de cerca la defensa de la patria, la lucha por el ideario liberal reformista y la revuelta contra Lerdo. Más tarde será testigo de cómo Díaz y su compadre El manco González traicionan algunas de las causas que decían defender (la no reelección, la libertad de imprenta) y atacan a los hombres que les fueron leales (destruyen las redes de poder de Juan N. Méndez y encarcelan a Vicente Riva Palacio). 



En ese sentido, Daniel es el vástago inconforme y desencantado del porfirismo; es heredero del hombre sencillo que se ha sacrificado y ha sacrificado a su familia por una causa que ha sido traicionada. Este joven hereda una causa (la liberal) y un rencor (por la traición a su padre y a sus amigos); además, es en muchos sentidos un hijo estudioso y ejemplar; viene de abajo, procura ser fiel a sus orígenes y se esmera por superarse. Tiene muchas de las virtudes y defectos de la generación de sus padres, pero no ha perdido el impulso original de lucha ni sus principios; y algo más, ha estudiado y sus ideales se renuevan y revitalizan con las doctrinas radicales. Representa al pasado y al futuro liberales. 


Los papás de El Ahuizote:

Riva Palacio (y Villasana)

Las inquietudes políticas, ideológicas, intelectuales y artísticas de Cabrera tienen una salida natural en la prensa y, más específicamente, en la prensa satírico-gráfica. Con el apoyo de su familia, el joven entra a trabajar en la prensa satírica de la capital. A mediados de 1884 Daniel publica algunas estampas en La Época Ilustrada, al lado del maestro José María Villasana, el mismísimo caricaturista de El Ahuizote.



Es probable que, siguiendo la costumbre de aquel tiempo, Cabrera haya entrado como ayudante del viejo maestro, y si fue así, es seguro que sufrió los malos tratos que éste solía dispensar a sus subordinados. En La Época Ilustrada el viejo caricaturista hace gala de un trazo limpio, elegante, y su pupilo trata de imitarlo. Algunas caricaturas firmadas “F”, “Frimus” o “Frimús” están hechas por Cabrera, y si bien ciertas imágenes tienen fallas anatómicas o de perspectiva, otras están bien ejecutadas. Este trabajo le da cierta notoriedad al novel dibujante:

Ya desde antes de que apareciera El Hijo del Ahuizote, era Cabrera conocido y apreciado como un artista en su género, de suyo difícil. Él tuvo a su cargo en La Época las ilustraciones que sacaba aquel periódico, en su amena y elegante edición dominical. 

El Hijo del Ahuizote
El Hijo del Ahuizote: origen y nacimiento
"Un Anti..", en el Hijo del Ahuizote, 20 de junio de 1892
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Sin embargo, Daniel no permanece durante mucho tiempo en La Época Ilustrada, pues tiene entre manos un proyecto personal más ambicioso.


Un hijo de la sierra de Puebla

conoce al padre de El Ahuizote


En su autobiografía, Daniel Cabrera cuenta cómo se gesta El Hijo del Ahuizote:

desde un principio, pensé fundar un periódico que se llamara “El Ahuizote”; pero como supe que la familia de Riva Palacio era dueña de ese titulo acudí á la familia del Sr. Riva Palacio que vivía en la calle de la Mariscala, consiguiendo una recomendación del Lic. Justo Sierra que me dio una carta para Riva Palacio el cual me recibió muy bien.


El general-escritor es un periodista de combate notable, es un escritor satírico genial y un editor experimentado de periódicos con caricaturas: en tiempos del Imperio colabora al lado de Guillermo Prieto e Ignacio Ramírez en El Monarca de San Luis Potosí; luego, en Michoacán, edita El Pito Real; durante la República Restaurada es director de La Orquesta entre 1867 y 1870; y en 1874 funda El Ahuizote. Un testigo presencial refiere cómo nace esta revista: 

La casualidad juntó (en una casa de Tacubaya) á don Sebastián Lerdo de Tejada y á don Vicente Riva Palacio, contrarios en ideas gubernativas. El primero, dirigiéndose al segundo, le dijo con cierto tono y sonrisa característica, sacudiendo la ceniza del cigarrillo: 

–Sí, señor Licenciado; ya sé que usted encuentra pésimo todo lo que dispongo. Hace usted, muy bien, pues mientras yo sea algo en esta tierra, usted no será nada!
–¡Así me gustan los enemigos, Señor Don Sebastián, de frente!
–¡Venga esa mano que deseo estrechar! –repitió el aludido.
Pocos días después, Riva Palacio fundó, el cinco de febrero de 1874, un semanario satírico y de caricaturas.

El Hijo del Ahuizote
El Hijo del Ahuizote: origen y nacimiento
"Un Anti..", en el Hijo del Ahuizote, 20 de junio de 1892
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El Ahuizote se publica entre 1874 y 1876 y tiene un impacto extraordinario en la vida política de México. Esta revista contribuye a minar la imagen de Lerdo y allana el camino ante la opinión pública para el triunfo de Díaz. 



La carrera de Riva Palacio como editor de revistas satíricas no termina en 1876, cuando cierra la revista después del triunfo de Tuxtepec; todo indica que él es responsable de los periódicos satíricos con caricaturas La Gaceta de Holanda y Mefistófeles, que combaten a la prensa lerdista en el primer gobierno de Díaz, y es un hecho que durante la contienda electoral de 1880 edita y escribe El Coyote, la revista de campaña del candidato Manuel González. 



El general Riva Palacio es el editor más reconocido de revistas satíricas de México y, en cambio, el joven aprendiz de litógrafo es un periodista inexperto y desconocido. Sin embargo Riva Palacio recibe al joven litógrafo y escucha con atención la propuesta de volver a sacar El Ahuizote.



Años después de esta entrevista, La Patria Ilustrada publica una historieta titulada Un anti…, que parece parodiar este encuentro (cambiando la identidad de los protagonistas): el primer cuadro presenta a un joven tímido, apocado, con unos pliegos bajo el brazo, que se quita el sombrero ante un señor elegante de pipa y guante, a quien le dice: “Señor director; ¿quiere usted que editemos un periódico de oposición que eche abajo al gobierno?” En el segundo cuadro, el director pregunta: “¿Qué sabe usted hacer, amiguito?”, a lo que el muchacho responde: “Caricaturas muy tremendas”. En el tercer cuadro, el director dice: “veamos”, y el dibujante contesta: “Aquí tiene usted la muestra” y despliega una sábana enorme donde están las caricaturas monstruosas de personajes públicos (Zamacona, el general Rocha, una dama de sociedad) y unos símbolos terroríficos (la espada Matona, la jeringa de las contribuciones, las balas y cañones del terror); el viejo periodista ve las imágenes propuestas con desagrado. 


La caricatura de La Patria es divertida, pero no refleja lo que ocurrió en la entrevista. En los hechos Riva Palacio apoya la propuesta de Cabrera y lo ayuda a sacar El Hijo del Ahuizote. Es posible que en el ánimo del general haya pesado el compromiso que dejó por escrito en el último número de El Ahuizote y que dice: 

Si el ilustre general Porfirio Díaz y sus dignos colaboradores en el gobierno respetaren al pueblo, bien podría colocarse una losa sobre la tumba del Ahuizote; mas si por desgracia no fuere así, saldrá de su sepulcro como Lázaro cuando la patria le diga: levántate y anda.

El Hijo del Ahuizote
El Hijo del Ahuizote: origen y nacimiento
"Paralelos", en El Hijo del Ahuizote, 11 de abril de 1886
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Es claro que Díaz no ha cumplido su palabra y que El Ahuizote tiene motivos sobrados para salir de su tumba. Además, el viejo editor es hombre de natural generoso y es muy posible que su simpatía hacia el solicitante se avivara por el hecho de que es hijo de un viejo compañero de armas. Riva Palacio le concede a Cabrera el uso del nombre. Según Baudelio Candanedo, en el momento de ceder el título Riva Palacio le dice a Cabrera: “Voy a concederte el permiso que me pides, con esta condición: que seas honrado y que seas valiente”, a lo que Cabrera responde: “le agradezco a usted este favor y le prometo ser fiel a la condición que se ha servido ponerme”.26 ¡Y vaya que Daniel Cabrera fue fiel a su palabra!


La emoción del padre de

El Ahuizote por 
El Hijo del Ahuizote

La ayuda del viejo escritor a la nueva empresa editorial va más allá de la que suele darle un periodista experimentado a un aprendiz desconocido, aunque esforzado: el general ayuda a Daniel a armar una estrategia legal para evitar que haya líos con el nombre de la publicación y le da todo tipo de apoyos. El propio Cabrera relata:



Riva Palacio (…) me dijo que él había sido el dueño del periódico El Ahuizote pero que como él había aparecido siempre como editor don José Ma. Villasana para quitarme de toda averiguación le pusiera yo a mi periódico el nombre de “El hijo del Ahuizote” que con ese nombre lo fundara yo y que me ofrecía ayudarme formalmente en todo, mandando personas que escribieran y que dibujaran.



Entre los escritores propuestos por el general están el joven Manuel Pérez Bibbins, un médico cercano a Riva Palacio, y… el propio Riva Palacio. En virtud de la conflictiva relación del fundador de El Ahuizote con Díaz, su colaboración en la revista antiporfirista es un secreto que ha sido guardado celosamente por años; pero 17 años después de su nacimiento, El Hijo del Ahuizote confiesa que “sus primeros y geniales colaboradores fueron; indirectamente, el eximio escritor Gral. Riva Palacio y el malogrado Dr. Manuel Pérez Bibbins”. Podemos imaginarnos que la intervención del veterano satirista en los primeros números de El Hijo es similar a la que tuvo con El Ahuizote: el escritor recibe a colaboradores de confianza y, echando relajo, les dicta versos, chistes, parodias, artículos y caricaturas.28 De hecho, algunos versos de los primeros números llevan el estilo rivapalatino. Éstos parecen un mensaje personal, aunque cifrado, de Riva Palacio a Díaz: 

carta de recomendación
que trajo de parís
el hijo del ahuizote
Porfi, me acuerdo de tua,
Por vida de un acocote!
Parbleu! Mon Dieu! Par ma fua!
Lleva esta carta de mua
El Hijo del Ahuizote.
Me dijo que es mitotero
Como su padre lo fue (…)
Supongo que este pillete
Cual su padre, en el mitote,
No ha de parecer zoquete...
Si es malo, pone en un brete,
Aunque es raza de Ahuizote.
Espero que en tu defensa,
Irá a combatir de fijo;
Mas si te hace alguna ofensa,
De nada se le dispensa:
En cintura pon al hijo…

El Hijo del Ahuizote
El Hijo del Ahuizote: origen y nacimiento
"La unión de la fuerza", en El Hijo del Ahuizote, 12 de mayo de 1876
Memoria 2010 © Derechos Reservados


Los motivos ocultos del general

Riva Palacio apoya a la nueva publicación por mera congruencia, por mantener el sagrado principio de libertad de expresión, o por apoyar al hijo de un amigo, pero el escritor también tiene fuertes razones personales para echar a andar una publicación antiporfirista. 



A pesar de que las aspiraciones presidenciales de Riva Palacio son públicas, al menos desde la década de 1870, Vicente le ha demostrado una lealtad y una disciplina a toda prueba a Porfirio y a su sucesor: durante el gobierno de Lerdo es el principal periodista porfirista y toma las armas por Tuxtepec; en el primer cuatrienio de Díaz le hace los discursos al presidente y le organiza la estrategia ante la prensa (organiza el diario La Libertad); cuando se le exige su renuncia a la cartera de Fomento, se retira con discreción y luego se suma a la candidatura de Manuel González, el candidato de Díaz; acepta ser jefe de campaña de González en 1880 y, cuando éste gana la presidencia, es su operador político; organiza un Congreso a la medida de El manco y negocia la paz con los bandos lerdista e iglesista. 



Desde los tiempos de la Intervención, la amistad entre Porfirio y Vicente es pública. Pero la lealtad de Riva Palacio ha sido mal recompensada: Porfirio no lo apoya como candidato en las elecciones del 80, González no lo hace ministro, lo congela en una curul de diputado y le da, como si fuera una graciosa concesión, la oportunidad de organizar y escribir una colección de historia patria. Finalmente, cuando se presenta el episodio del níquel (una rebelión popular contra la decisión del gobierno de sustituir la moneda de plata por la de níquel), Riva Palacio pronuncia un discurso contra el gobierno en el Congreso y con este motivo El manco lo manda arrestar, lo mantiene incomunicado durante 18 días y luego lo encarcela en la prisión militar de Tlaltelolco durante largos meses. 


El motivo que arguye el gobierno para la aprehensión es un mero pretexto: el procedimiento legal es torcido, la incomunicación 
es una crueldad innecesaria y el encierro es, a todas luces, inconstitucional, entre otras cosas porque Vicente es diputado y como tal tiene fuero. El historiador José Ortiz Monasterio, biógrafo de Riva Palacio, apunta: “parece haber en ese acto no sólo la intención de reprimir una protesta legal pero indeseable, sino el propósito de acabar con alguien que se consideraba un adversario de peligro”30 en especial para la sucesión presidencial. 

Por su popularidad, el escritor es el único aspirante a la presidencia que podría oponerse a Porfirio Díaz, el candidato oficial; de hecho, durante su encierro el preso político recibe innumerables muestras de apoyo y solidaridad, lo que provoca el endurecimiento del gobierno. El erudito Daniel Cosío Villegas escribe: 

Riva Palacio entendió que las cosas iban en serio; pensó entonces que expatriándose voluntariamente podía saciar el apetito vengativo del presidente. Alegando que tenía la imperiosa necesidad para trasladarse a Europa para arreglar la impresión de lo que ya llamaba México a través de los siglos, pidió el permiso y el pasaporte para hacer el viaje. Ni siquiera se le contestó.


Riva Palacio le pide a su amigo Porfirio Díaz que interceda por él ante el presidente González, y Díaz le responde:

Querido hermano: Un amigo común nuestro me ha entregado una solicitud suscrita por ti para marchar fuera del país. Inmediatamente fui a presentársela al presidente: la recibió benévolo, y me pareció que su acuerdo sería favorable y que no se haría esperar mucho. Pero después de tres días vino esta mañana el señor general Montesinos diciendo que había que allanar algunas dificultades, y como ni yo las comprendí exactamente ni quiero sufrir equivocación en este asunto, le supliqué me hiciera un apunte sobre la fórmula que indicaba el Ministerio obteniendo el que te adjunto por si esa forma que contiene estuviese dentro de tus propósitos.

Sabes que te quiere y desea serte útil tu hermano
Porfirio Díaz.


Riva Palacio es todo menos tonto y debe tener muy claro que su encarcelamiento favorece, más que a nadie, a su “hermano”, quien a la vez que dice interceder por él, se presta a un tramposo juego dilatorio. Todo esto debe haber irritado y desesperado al preso. Más tarde Porfirio saca al escritor de su encierro y lo nombra su embajador en España, pero la fe que le tenía Riva Palacio a Díaz había sufrido un descalabro irreparable.

Las Memorias de Sebastián Lerdo de Tejada son apócrifas, pero, según diversas autoridades, son muy valiosas desde el punto de vista histórico, pues reflejan con fidelidad el pensamiento íntimo de Lerdo y recogen anécdotas interesantes. En ese libro se reproduce una conversación que, supuestamente, sostuvieron don Sebastián y Riva Palacio en Nueva York el 21 de abril de 1886, cuando Vicente se dirigía a Madrid. En dicha plática, el escritor habría hablado con sinceridad sobre su detención y sobre Porfirio:



Sebastián Lerdo de Tejada: ¿Fué cierto que estuviera usted nueve meses encerrado en la prisión de Santiago Tlaltelolco?



Vicente Riva Palacio : Exactamente: pero sólo fue una pequeña broma de mi amigo el señor Romero Rubio.

slt: A mí me habían informado que fue motivada por la cuestión del níquel (…)
vrp: Es verdad todo eso, señor Lerdo, pero yo, confiado en la inviolabilidad que como representante del pueblo se me debía, había dicho como en otro tiempo el Duque de Guisa: ils n’ oseraient! (no se atreverán!)
slt: Y usted ya vió que no sólo osaron, sino que abusaron… (…) 

vrp: (…) Es verdad, señor Lerdo, que todos nos hemos llevado un chasco soberbio con el señor Díaz, amigos y enemigos de él: los primeros lo teníamos en el concepto de ser un hombre sincero y patriota, aunque un poco débil, y nos ha salido más falso que un diamante de Moisés Rojas; más traidor que Bazaine y más enérgico que el doctor Francia ó Rosas, los célebres tiranuelos de Sud-América.

Si esta versión es cierta, entonces Riva Palacio tiene claro que su aprehensión fue una intriga del suegro de Porfirio, Romero Rubio, y del propio Porfirio, y la carta que le envió su “hermano” a la cárcel le debe haber parecido una puñalada trapera. Cabrera tiene tratos con Riva Palacio en los meses posteriores al excarcelamiento del viejo periodista y sin duda conoce sus sentimientos íntimos. A la muerte de Vicente, El Hijo del Ahuizote publica:

Riva Palacio fue uno de los ilusos tuxtepecanos de buena fe, que cooperaron al triunfo del general Díaz, por más que después haya sido uno de los primeros dolosamente desengañados, expiando en la Prisión Militar de Santiago sus lirismos por la democracia y por la soberanía del pueblo.34 

Al salir de la cárcel la situación del general-escritor no es buena: es popular en ciertos sectores, pero su carrera política está terminada, la prisión lo ha golpeado, ha afectado su salud y su ánimo, y se siente traicionado por su gran amigo, que es también el hombre más poderoso de la nación. Ortiz Monasterio escribe: “un claro indicio de que Riva Palacio comprendía que, aún fuera de prisión, tener un papel activo en la política era sumamente riesgoso (…) fue su pasividad en las elecciones de 1884”.35 Pero en realidad no hay tal pasividad. Si nos atenemos a los tiempos necesarios para sacar una publicación, por esas fechas Riva Palacio estaba muy ocupado preparando la salida de El Hijo del Ahuizote. El escritor es hombre pasional y de acción, y es de suponerse que tiene un deseo enorme de cobrarle su falsedad a su “hermano” Díaz. En este sentido, la visita de Daniel Cabrera le llega a Vicente en un momento muy oportuno, y la idea de que el temible Ahuizote volviera a publicarse, pero ahora contra Díaz, le debe haber encantado. Si con aquel duende le hizo la vida imposible a Lerdo, con su hijo puede hacer lo propio con Díaz. Tiempo después el dictador nombra a su viejo amigo embajador de México en España y éste acepta, pero el golpe ya está dado y El Hijo del Ahuizote ya está en la calle, clamando venganza.

El nacimiento de El Ahuizote fue una declaración abierta de guerra entre Lerdo y Riva Palacio. En contraste, el nacimiento de El Hijo del Ahuizote fue un típico juego de políticos ladinos: Díaz le dice “hermano” al amigo al que quiere encerrar, y éste acepta ser su embajador a la vez que le echa a andar un animal venenoso.


Conclusiones 

El Hijo del Ahuizote es una criatura rebelde, inteligente, talentosa y preparada; es un vástago del movimiento liberal radical que se levantó en armas al grito de “No reelección” y que defendió hasta la muerte el ideario liberal plasmado en la Constitución de 1857 y el principio de la libertad de imprenta; es el heredero directo de un movimiento idealista rebelde y revolucionario que tiene hondas raíces populares y que se siente traicionado por Porfirio Díaz, el caudillo que encumbró y por el que dio la vida; es una alianza de dos facciones personalistas minoritarias de Tuxtepec (la encabezada por Riva Palacio y los restos del grupo de Juan N. Méndez) en contra del grupo dominante (encabezado por Díaz y González); es un intento por reagrupar al grupo liberal radical alrededor del ideario liberal; es también un acto de venganza y una llamada a cuentas al hombre fuerte de México. 

El Hijo de El Ahuizote es el niño respondón de Tuxtepec; es el curioso caso de un hijo que se siente legítimo y que acusa a su padre de bastardo.

Su nacimiento revela que en parte el origen de la Revolución mexicana está el grupo inconforme que alimentó la revolución de Tuxtepec, y que existen importantes vasos comunicantes de sangre entre la rebelión antilerdista de 1876 y la gesta antiporfirista de 1910. * La información contenida en este ensayo es parte de un proyecto de investigación que está en proceso y que culminará, si todo se resuelve favorablemente, con la publicación de un libro sobre El Hijo del Ahuizote. 

Ardió el reino ¿y qué quedó?
Memoria 2010
Ardió el reino ¿y qué quedó? 
Biombo con escenas de la vida cotifiana en la Plaza Mayor de México
Imperio y Revolución: Los estadounidebses en México 1910-1920
Memoria 2010
Imperio y Revolución: Los estadounidebses en México 1910-1920 
John Pierpont Morgan, ca. 1890

Fuente 
http://www.terra.com.mx/memoria2010/

















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