17 de AGOSTO



El 17 de agosto de 1909 nace en Hospitalet de Llobregat el militante anarcosindicalista y resistente antifascista Josep Sabaté Llopart, conocido como Pepe. Había nacido en una familia fuertemente ligada al movimiento anarquista.Durante los años de la II República ya militaba en la CNT y en los Grupos de Defensa Confederal. En 1932 formó parte con otros militantes, entre los que se encontraba su hermano Francisco, del grupo de acción «Los Novatos». En julio de 1936, cuando se desencadenó el levantamiento fascista, fue miembro del Comité Revolucionario de Hospitalet y después se enroló en la columna "Los Aguiluchos», que organizó con Joan García Oliver, que marchó el 27 de agosto de 1,936 hacia Aragón, y donde ejerció de jefe de centuria. Combatió en varias unidades hasta el final de la contienda, que le sorprendió en la zona central de la Península. Detenido en Alicante, entre 1939 y 1945 sufrió el campo de concentración de Albatera y el penal de Cartagena. En libertad vigilada, 1946 cruzó la frontera por Cataluña e instalado al otro lado de la frontera empezó a participar en los grupos de acción libertarios que luchan clandestinamente al barcelonés pasando de un lado al otro de los Pirineos. Hizo de secretario móvil de la CNT catalana y, con Francisco Ballester Orovitg, destacó en el apoyo a los presos. En 1948, con José Berruezo Silvente y Carles Vidal Pasanau, formó parte del Comité de la CNT del Baix Llobregat en el Exilio y ocupó la secretaría de la CNT catalana exiliada. A principios de 1949 estableció contacto con el grupo «Los Maños» y con su hermano Quico Sabaté en Barcelona, ​​pero poco después fue herido en un enfrentamiento armado a raíz de la caída de la imprenta clandestina de Solidaridad Obrera. Con la ayuda de su hermano, logra curar las heridas en Martorell ya Abreras y pasar a Francia, donde participó en diversas actividades orgánicas (secretario de la Regional Catalana cenetista) en Toulouse. Meses después, se internó en Cataluña y cayó herido el 17 de octubre de 1949 en la calle barcelonés de Trafalgar a resultas de una trampa orquestado por la policía franquista que se pudo preparar gracias a una delación -en el intercambio de disparos mientras intentaba huir mató el policía Luis García Dagas-; cuando era transportado hacia el Dispensario Municipal de la calle Sepúlveda, Josep Sabaté Llopart murió en el interior de una farmacia de la calle Más Bajo de San Pedro de Barcelona.
Grupo de José Sabaté
  Farmacia hasta la que consiguió llegar José Sabaté gravemente herido y donde resultó finalmente detenido antes de su muerte.
  José Sabaté Llopart, salió de la cárcel de Cartagena en primavera de 1946, poco tiempo después tuvo una entrevista con su hermano Quico, con la que daban por comenzada su colaboración y con la que solo pudieron acabar las balas de la policía unos años mas tarde.
  A finales de mayo del 48, encontramos los hermanos cruzando la frontera con el guía Ramón Vila, junto a ellos Francisco Martínez Márquez “Paco”, Josep Dot Arderiu, Benítez y hay discrepancias sobre el resto del grupo. Solo sabemos que dieron un pequeño atraco en un bar de Sant Corneli (Figols), mientras se dirigían hacia Barcelona.
  La siguiente referencia que nos llega es de enero de 1949, y era un intento para dar mayor eficacia a la ayuda material y jurídica pro presos. Primero buscaron un abogado, de la parte material, o económica se encargaban ellos. Los dos primeros golpes que pretenden dar resultan fallidos. Para estos asaltos les acompaña José Pérez Pedrero “Tragapanes”, anteriormente en el grupo “Massana” y otro compañero. El grupo fue descubierto por los esbirros de Quintela y lograron salir airosos de una primera encerrona, para el 26 de febrero se preparo otra junto al cine “Condal”, allí acudieron los hermanos Sabaté, José González Puig y Francisco Massip Valls “Cisco”. Descubrieron a los policías, se entabló tiroteo y en el suelo quedó el cadáver del agente Oswaldo Blanco Gregorio
  Poco después el grupo intentará acabar con el comisario Quintela, para ello unirán fuerzas con otro de los grupos de acción que estaba en Barcelona, “los Maños”. El 2 de marzo de 1949 es el día elegido, el resultado no es el deseado, en lugar del comisario, pero ocupando su coche, resultan abatidos el falangista Manuel Piñol Ballester y su chofer Antonio Norte Juárez, y herido José Tella Bavoy.
                            
       José Sabaté Llopart                                            Josep Dot Arderiu

El 17 de agosto de 1944 es fusilado en el bosque de Buzet-sur-Tarn el militante anarcosindicalista, guerrillero antifranquista y resistente Francisco Ponzán VidalHabía nacido en marzo de 1911 en Oviedo. De niño vivió en Huesca, donde estudió en un colegio religioso y ejerció de monaguillo hasta que a los 12 años se negó a ir a la iglesia; trabaja de mozo en una librería, deambula por otra escuela antes de ingresar con 14 años en la Escuela Normal de Magisterio, donde conocerá Ramón Acín. Militante muy joven en el Ateneo Cultural Libertario, de la directiva del que formará parte, terminará la carrera con 18 años, militante ya la CNT. Trabaja de maestro a Ipas, cerca de Jaca, y tras el levantamiento de Galán, se detenido unos días. Colabora en la prensa libertaria desde 1932, año en que es encarcelado en junio y julio en Jaca y Huesca. Durante la huelga general de abril de 1933 es detenido en Huesca y durante el verano saca plaza de maestro, destinándolo a un pueblo de Ourense. Hace mítines por Aragón y es de nuevo detenido después de la rebelión de diciembre de 1933 Durante los años siguientes ejerció de maestro a pueblos gallegos y abril de 1936 completa una gira de propaganda por la región con Arnalda, Acín , Abós y otros. Se encuentra en Huesca cuando el levantamiento fascista y se entrevistará con el gobernador de Huesca para preparar la contraofensiva; pero los fascistas vencen y tiene que huir a Chibluco, San Julián de Banzo, Belsué, Angüés, Fraga y Bujaraloz. Se integra en el comité comarcal de Angüés y asiste a la asamblea de Bujaraloz del 6 de octubre de 1936, en la ponencia que redactó el dictamen que creaba el Consejo de Aragón. Es nombrado consejero de Transportes y Comercio y luego subsecretario de Información y Propaganda hasta que la represión de Líster le obligó a huir a Callén, donde se enroló en el verano de 1937 en la Columna Rojo y Negro como capitán ayudante de su amigo Máximo Franco.En agosto del mismo año, organiza un grupo de espionaje que actuaba en terreno enemigo («Los Libertadores») que eventualmente se incorporaba en el Servicio de Inteligencia Especial Periférico y de manera permanente desde agosto de 1937. Combatió también con el Ejército del Este. Todo esto le servirá durante su periodo posterior en Francia y España. Terminada la guerra, pasó al campo de concentración de Vernet en febrero de 1939, del que escapó para comenzar la organización de un extensa red antifranquista dentro y fuera del país -gracias a él se crearon los primeros grupos de acción en Barcelona y se asegura que en abril de 1939 con Juanelo ultimó un plan de actuación en España que se puso en marcha en junio-participando en incursiones en el interior en una de las cuales, con el objetivo de liberar Lorenzo y Argüelles, tomados en Zaragoza, fue herido en Boltaña en mayo de 1940 y se refugió en Arguis hasta septiembre, que pasó en Francia. Cuando los alemanes ocuparon ese país, creó una famosísima red de evasión, encargada de sacar de Francia notorios antifascistas, conocida como Red Pat O'Leary y Grupo Ponzán, que puso a salvo a más de un millar de perseguidos .Detenido, tras diversos avatares el 28 de abril de 1943, los alemanes lo encerraron en Toulouse y finalmente la fusilaron y quemaron su cuerpo, junto con una veintena de prisioneros, el 17 de agosto de 1944 en el bosque de Buzet-sur-Tarn, cerca de Toulouse. Por lo pronto se introdujo en los grupos que pretendían organizar la CNT y elaboró ​​un plan de actuación contra el franquismo que no fue aceptado por el Consejo General del Movimiento Libertario. Sus ideas sobre el particular parecen haber sido: el fortalecimiento de la Alianza Nacional de Fuerzas Democráticas, el mantenimiento de los principios emanados de la CNT del interior con excepciones (contrario a organizar masas en la CNT del interior), el rechazo de la política (pero aceptando la política municipal) y fin de la AIT. Publicó artículos en Nuevo Aragón, La Tierra, Tierra y Libertad. Fue reconocido y condecorado a título póstumo por los gobiernos y ejércitos de Francia, Reino Unido y EEUU.

El 17 de agosto de 1963, a las 5 de la madrugada, en la cárcel de Carabanchel, son ejecutados a garrote vil Francisco Granado Gata y Joaquín Delgado Martínez, activistas de la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias y del grupo de resistencia antifranquista Defensa Interior .Detenidos y torturados tras el atentado del 29 de julio de 1963, que no habían cometido en absoluto, serán juzgados y condenados a muerte sin ninguna prueba el 13 de agosto de 1963 por un Consejo de Guerra y asesinados y enterrados en secreto en una fosa de caridad del Cementerio Municipal de Carabanchel, de la que nunca se informa a los familiares, cuatro días después, ante la indiferencia total de los Estados europeos «democráticos». Los certificados oficiales de defunción en recogeremos como causa: «muerte natural».


 Libertad : Portavoz Democrático de los Emigrados Españoles de Europa: Número 4 - 1963 septiembre 1

Un documental de Lala Gomà

Las ejecuciones de Delgado y Granados

Carlos Artola



Artículo publicado en el número 47 de Iniciativa Socialista, diciembre 1997
El día 18 de agosto de 1963 la prensa española anunció que en las primeras horas de la mañana, "y con sujección a las formalidades de la ley penal común, ha sido ejecutada la sentencia de pena capital dictada contra los terroristas Francisco Granados Data y Joaquín Delgado Martínez".
Bajo esa hipócrita retórica se encubría el hecho de que dos jóvenes anarquistas habían sido estrangulados por el aro de hierro del garrote vil tras el "enterado" del general Franco y después de un juicio militar sumarísimo que se celebró apenas diez días después de los hechos que se les atribuyeron.
Granados y Delgado habían sido acusados de colocar sendos artefactos explosivos el 29 de julio de 1963 en la Sección de Pasaportes de la Dirección General de Seguridad y en la Delegación Nacional de Sindicatos. El primero de los artefactos, una carga de plástico de doscientos gramos de peso, provocó heridas a una veintena de personas.
Dos días después de los atentados, el 31 de julio, a las 4 de la tarde, Francisco y Joaquín son detenidos, posiblemente a causa de una delación. Apenas tres semanas separaron la vida de la muerte para estos dos luchadores libertarios, sometidos primeros a torturas policiales y después a un juicio carente de garantías en el que son condenados a muerte. El Consejo de Guerra sumarísimo anunciado sólo 48 horas antes de su celebración les condena sin otras pruebas que las declaraciones arrancados bajo tortura, en un juicio lleno de irregularidades que incluyen el hecho de que el defensor no tenía título de abogado. Granados y Delgado negaron cualquier participación en las acciones armadas que se les atribuían y reconocieron ser miembros de la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias.
El Consejo Ibérico de Liberación, la organización clandestina anarquista a la cual pertenecían Granados y Delgado, declaró el 11 de agosto ante la opinión pública nacional e internacional que Joaquín Delgado y Francisco Granados eran absolutamente ajenos a los hechos ocurridos el 29 de julio en Madrid, que los autores no habían sido detenidos y que el depósito de armas atribuido a Francisco Granados no había sido utilizado y permanecía intacto al ser descubierto por la policía.
Posteriormente esta misma organización haría público que el material descubierto por la policía estaba destinado a un atentado contra Franco. Sobre estos hechos se ha presentado recientemente en TVE-2, en un intempestivo horario de madrugada, un espléndido documental realizado para una televisión francesa por Lala Gomá. Este importante trabajo histórico cuenta con testimonios directos de los auténticos autores de los atentados de Madrid por los que fueron ejecutados Granados y Delgado así como de alguno de los responsables de la organización a la que pertenecían, entre ellos Octavio Alberola que confirma que la auténtica misión con la que estaban relacionados era la preparación de un atentado contra Franco.
Más allá del descubrimiento de la realidad de unos hechos oscurecidos y desconocidos para muchos españoles, el documental es una aportación de primera fila al conocimiento de los procedimientos del franquismo. Después de casi tres décadas persiste el silencio de la mayoría de los policías y jueces que intervinieron en el asunto. Los autores del documental han constatado, también, la negativa de Manuel Fraga, entonces Ministro de Información y Turismo, a hablar sobre estos hechos. Han contado, sin embargo, con los testimonios sobrecogedores de uno de los jueces y de otros jerarcas militares franquistas. Sus imágenes y sus palabras son extraordinariamente reveladoras, contra la voluntad de sus autores, de la sordidez criminal de esa parodia de legalidad de que se había dotado el franquismo.
El trabajo de Gomá revela un error judicial, pero va más allá de ese aspecto. Tampoco es únicamente un alegato contra la pena de muerte. Este documental es, sobre todo, un testimonio sobre el franquismo. En él se habla de unos hechos olvidados, de la soledad de unos luchadores antifascistas, de la discutible historia de los grupos armados anarquistas pero, sobre todo, del terror cotidiano con el que el franquismo alimentó su dictadura sangrienta.
El año 1963 fue muy importante para la lucha antifranquista, no en vano en dicho año continuaron las movilizaciones mineras asturianas iniciadas en la primavera de 1962. El renacer de la lucha contra la dictadura fue posiblemente uno de los motivos por los que el franquismo quiso "dar un escarmiento" a las nuevas generaciones libertarias que estaban entrando en actividad en aquellos años. También quisieron, probablemente, castigar la campaña contra el turismo en España que venían desarrollando la CNT, la FIJL y otras organizaciones anarquistas.
Después de su muerte, un largo silencio se extendió sobre ellos, silencio que ha llegado a nuestros días. El PCE iba a adquirir durante los años sesenta una amplia hegemonía en la oposición antifranquista, que no había tenido en las dos décadas anteriores, y para el PCE sólo cabía recordar a sus propias víctimas. Algo similar ocurriría diez años después, en 1973, cuando otro joven anarquista, Salvador Puig Antich, fuera ejecutado, también a garrote vil, en otra farsa judicial.
Robert Escarpit escribió en Le Monde (22-8-1963), poco después de las ejecuciones, unas palabras que hay forzosamente que compartir: "Francisco Granados Gata y Joaquín Delgado Martínez han dado su vida por algo pero, como siempre, los verdugos los han ejecutado por nada". Por una nada que era un vacío asesino, la sinrazón de un poder dictatorial. 
Es obligación de todos nosotros recordar que esos dos hombres murieron por algo, por algo tan importante como la libertad, y exigir que la verdad histórica de estos crímenes franquistas sea reconocida oficialmente. 


La memoria contra Franco 
Octavio Alberola, jefe de los libertarios ajusticiados en 1963, regresa a España para defender su inocencia  
JESÚS DUVA, Madrid 
 
Octavio Alberola, el sábado, en Madrid.
A la izda., Joaquín Delgado (arriba) y
Francisco Granado (C. Manuel).
Cuando están a punto de cumplirse 23 años de la muerte del general Francisco Franco, su espectro atormenta a más de uno. Por ejemplo, a Sergio Hernández, un antiguo libertario que el pasado 24 de septiembre no quiso viajar desde Francia hasta España para testificar ante el Tribunal Supremo. Él reconoce que fue uno de los dos anarquistas que colocaron las bombas que el 29 de julio de 1963 estallaron en la Delegación Nacional de Sindicatos y en la Dirección General de Seguridad, en la Puerta del Sol de Madrid. En este último atentado hubo 20 heridos; los más graves, María del Carmen Anguita Abril e Isabel Peña Muñoz.
Sergio Hernández estaba convocado ante el Supremo para que confirmara que él y Antonio Martín Bellido fueron los autores de los bombazos, no sus correligionarios Francisco Granado Gata, de 27 años, y Joaquín Delgado Martínez, de 29. Sin embargo, estos dos últimos fueron detenidos por la temible Brigada Político-social, enjuiciados por la vía rápida y ejecutados a garrote vil el 17 de agosto de 1963 por los verdugos Vicente López Copete y Antonio López Guerra.
Antonio Martín ya ha prestado declaración en el Supremo, que ha aceptado el recurso de revisión presentado el pasado febrero por los deudos de Granado y Delgado, empeñados en lavar su memoria y en que se haga justicia.
"En lugar de Sergio se presentó su madre para decir que su hijo y la familia tienen miedo de que todavía pueda pasarle algo", dice Octavio Alberola Suriñach, de 70 años, ex jefe de Defensa Interior (DI), un grupo secreto formado en 1962, por acuerdo de la CNT, la FAI y la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias, "para reactivar la lucha contra el régimen del general Franco".
Alberola, libertario irreductible, reconoce que la sombra del dictador aún obsesiona a muchos. "Hace dos o tres años llamé a unos familiares para decirles que iba a ir a Alayor . Y ellos me advirtieron: no vengas, no vengas, que por aquí todavía hay mucha gente que se acuerda de ti", remarca con una sonrisa. Fue a su pueblo natal y no le ocurrió nada. Ahora ha volado de París a Madrid para presentar mañana el libro Garrote vil para dos inocentes, escrito por el periodista Carlos Fonseca, y de paso intentar que el Supremo oiga lo que tiene que decir sobre el caso Delgado-Granado.
¿ Y qué tiene que decir este hombre que planeó al menos dos atentados contra Franco y participó en varios secuestros? Alberola, único dirigente de Defensa Interior que queda con vida, rememora: "Tras un fallido atentado contra el dictador en agosto de 1962, en San Sebastián, el DI decidió asesinarlo en Madrid, cuando fuera al palacio de Oriente a recibir las cartas credenciales de nuevos embajadores. Solicité la colaboración de Granado para que fuera a Madrid, recogiera una maleta con explosivos y después se la entregara a otro compañero que realizaría el atentado. Ésa era la razón por la que estaba en Madrid desde mayo de 1963".
"El mes de julio encomendé a Delgado", prosigue Alberola, "que viajara de Francia a Madrid con la misión de decirle a Granado que dejara la maleta con explosivos en un lugar seguro y que volvieran inmediatamente a Francia". La razón de tanta urgencia era que ambos libertarios ignoraban que había otro grupo en la capital de España "para realizar acciones de hostigamiento" que podrían desencadenar una dura represión policial.
Ese otro comando lo formaban Antonio Martín y Sergio Hernández. El 29 de julio de 1963 colocaron una bomba en la sede del sindicato vertical, en el paseo del Prado, y otra en la Dirección General de Seguridad. El explosivo, procedente de los viejos arsenales de la Resistencia francesa, se activaría al ser roto una especie de lápiz que contenía ácido y una barrita de cobre. Pero el mecanismo se accionó antes de lo previsto y causó heridas a 20 personas.
"Por haber sido yo el organizador y coordinador de estas acciones, confirmo lo dicho por Antonio Martín y Sergio Hernández asumiendo la autoría", dice Alberola. "Confirmo que Granado y Delgado no participaron en estos atentados por los que fueron ejecutados". Y culmina: "Igual que ahora se pretende enjuiciar a Augusto Pinochet por lo ocurrido en Chile, hay que poner en evidencia la bárbara justicia franquista". 

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